Los universos de Epicuro

OLYMPUS DIGITAL CAMERA HCH 16 / Mayo 2017

Los universos de Epicuro, por Antonia Tejeda Barros

epicurus-100

(Busto de Epicuro. Copia romana de un original griego, s. II aC)

Cuenta Diógenes Laercio en Vidas de los filósofos ilustres (donde dedica a Epicuro la totalidad del Libro X) que Epicuro (341 aC–270 aC) se crió en Samos y a los 18 años se mudó a Atenas. Vivió durante 10 años en Colofón, donde fue alumno de Nausífanes (quien le introdujo en el atomismo de Demócrito). A los 30 años fundó una escuela en Mitilene y a los 35 se mudó de nuevo a Atenas, donde fundó su famoso Jardín (en el que muchos discípulos se reunían y charlaban). Epicuro fue el primero en admitir mujeres y esclavos en su Jardín. Entre las mujeres se encontraba Temista, a la que le escribió varias cartas (hoy perdidas) y entre los esclavos, Mys, al que dejó en libertad en su testamento. La escuela de Epicuro nació como una respuesta a la Academia platónica, el Liceo aristotélico y la Stoá de los estoicos.

Epicuro escribió unas 300 obras (rollos de papiro), pero desgraciadamente sólo se ha conservado una parte minúscula de su obra. Sus tres cartas (las cuales Diógenes Laercio cita íntegramente en el Libro X) son su mayor tesoro: la Carta a Heródoto, la Carta a Pítocles (que tal vez no fue escrita por Epicuro, sino por uno o varios discípulos suyos) y la Carta a Meneceo. Dice Diógenes Laercio que estas tres cartas reúnen toda su filosofía. En la Carta a Heródoto Epicuro habla de los fenómenos físicos, en la Carta a Pítocles, de los fenómenos meteorológicos y en la famosa Carta a Meneceo habla de la vida y la muerte. También se conservan sus Máximas capitales (40 aforismos incluidos también en el libro de Diógenes Laercio), las Sentencias Vaticanas (Gnomologium Vaticanum) –81 aforismos descubiertos en 1888 en un manuscrito del siglo XIV– y algunos fragmentos.

Algunos de los títulos más fascinantes de sus obras perdidas son Acerca de la naturaleza (nada menos que 37 libros, de los cuales se conservan tan sólo unos poquísimos fragmentos), Acerca de los átomos y el vacíoAcerca de los dioses, Sobre el amorSobre los modos de vida (4 libros) y Sobre la música. 

Epicuro tuvo una relación muy noble con sus amigos y seguidores, pero muy dura con otros filósofos, en especial con sus maestros y con los estoicos. Nunca admitió la influencia de Leucipo y Demócrito, y se burló de Nausífanes. Según Russell, Epicuro pecó de dogmatismo dictatorial, puesto que sus seguidores tenían que aprender sus doctrinas al pie de la letra y no podían moldearlas. Su seguidor más brillante fue el romano Lucrecio (nacido más de 170 años después de la muerte de Epicuro), autor del famoso De rerum natura.

El hombre virtuoso desea el placer y evita el dolor. Para Epicuro la amistad es el placer más elevado. Epicuro fue el rey de los hedonistas, aunque a menudo su hedonismo ha sido malinterpretado como superficial y egoísta.

En el atomismo de Epicuro se encuentran las bases de su visión de la vida, la muerte, el alma, los dioses y el cosmos. Su filosofía perseguía la tranquilidad, la paz, la armonía y la felicidad, y trataba de ahuyentar los terrores de la muerte, la superstición y los dioses; para ello, el conocimiento de la naturaleza y el universo era primordial.

La metafísica de Epicuro es materialista; la epistomelogía, empírica; y su ética, hedonista.

El atomismo de Epicuro

Los fundadores del atomismo fueron Leucipo (quien vivió en el siglo V aC y del cual se sabe muy poco) y Demócrito (c. 460 aC–c. 370 aC).

Epicuro reinterpretó el atomismo de Demócrito, quien a su vez se basó en el de Leucipo. Leucipo había dicho que el todo se compone de lleno y de vacío. Leucipo habla de varios kosmoi, mundos o universos, idea crucial que recogerá Demócrito y, luego, Epicuro, y afirma que los cosmos nacen cuando los cuerpos caen en el vacío y se entremezclan con otros cuerpos. Leucipo habla –al igual que lo hará más tarde Epicuro– de los períodos de nacimiento, expansión, enflaquecimiento y destrucción del mundo o de los mundos. Esta idea será recogida por Demócrito, quien escribirá que los mundos son infinitos, engendrados y perecederos. Los mundos nacen y mueren continuamente (dependiendo del movimiento y las uniones de los átomos), y son infinitos en número, puesto que los átomos son también infinitos.

Epicuro afirma que nada nace de la nada y que el todo siempre ha sido igual. Las cosas no son engendradas por los dioses. La naturaleza cambia, pero los átomos permanecen eternos y nunca se destruyen. Todo lo que existe está compuesto de átomos que se mueven continuamente en el vacío. Los átomos son los elementos originales de los cuerpos y los elementos fundamentales de la naturaleza.

Demócrito había afirmado que los átomos eran infinitos, inalterables, insensibles y de infinitos tamaños, y que el sol, la luna, el alma y la inteligencia estaban compuestos por átomos ligeros y redondos. Epicuro afirma que los átomos son indivisibles e inmutables, indestructibles y eternos.

El nombre átomo viene del griego atomos (ἄτομον) que significa indivisible. Hoy sabemos que el átomo es divisible: se compone de un núcleo formado por protones (de carga eléctrica positiva) y neutrones (eléctricamente neutros) –salvo en el caso del átomo del hidrógeno-1, que no tiene neutrones­– y de una nube de electrones (de carga eléctrica negativa). Yo sé muy poquito de ciencia, pero he estado leyendo un poquillo sobre el átomo.

Epicuro otorga a los átomos velocidad, y afirma que los átomos se desplazan a una velocidad constante cuando no encuentran obstáculos. Los átomos se mueven continua y eternamente por el vacío, cayendo hacia abajo con un movimiento paralelo y rectilíneo, como una lluvia. ¿Y cuál es la velocidad de los átomos? La velocidad del pensamiento, dice Epicuro. Lucrecio introducirá en De rerum natura el clinamen, un cambio en el movimiento de los átomos, una desviación que da paso a la libertad.

No sólo los átomos libres se desplazan en el vacío infinito, sino que los átomos retenidos en los cuerpos formados por átomos también se mueven eternamente, ya que vibran sin cesar. Los átomos, pues, están siempre en movimiento en el espacio infinito. Se mueven y chocan entre ellos. Dependiendo de cómo se junten los átomos y de la cantidad de átomos, se crea un cuerpo u otro.

No se sabe si Leucipo y Demócrito dotaron a los átomos de peso; probablemente, no. En Epicuro, los átomos sí que pesan. Russell, en su interesante y amena History of Western Philosophy, describe el movimiento de los átomos en el atomismo de Epicuro: los átomos pesan y normalmente caen, pero también se desvían y van hacia arriba, donde chocan con otros átomos. Los átomos poseen diferentes figuras, tamaños, pesos y colores.

Uno de los aspectos más interesantes del atomismo es que el atomismo negaba que el universo fuera una creación divina y que tuviera una finalidad:

“… in the atomist’s conception of the universe, there was no room for design, purpose, or divine agency. All that existed were material atoms moving randomly in a void. This does not mean that the atomists denied the existence of the gods, but they did deny that the gods had anything to do with natural processes“. Kragh, Conceptions of Cosmos, p. 17

El atomismo de Epicuro, que defiende que el todo se compone de átomos y vacío unidos aleatoriamente, implica que la creación divina no existe. Todo ocurre por casualidad, y no como resultado de la creación de un ser divino o inteligente.

Los dioses, según Epicuro, existen, y son seres inmortales y felices, pero no han creado el universo ni interfieren en absoluto con los hombres, sus destinos, sus vidas y sus muertes. No existe, pues, ni creación ni influencia divinas. Los dioses epicúreos no están en absoluto preocupados por el destino de los hombres; así pues, no hay que tenerles miedo. Lucrecio también describirá a los dioses como seres lejanos a los hombres y afirmará que los dioses deben gozar de sus vidas inmortales en paz, alejados de los asuntos de los hombres.

La filosofía de Epicuro deviene así una filosofía del placer y de la libertad: el hombre tiene que aprender a vivir, no a morir, puesto que la muerte, realmente, no es nada para nosotros. El bien y el mal residen en la sensación, y la muerte es la privación del sentir. El terror que produce la muerte es fruto de la superstición, de la falsa creencia de que los dioses se ocuparán de juzgarnos cuando muramos. Pero ¡cómo nos iba alguien a juzgar, si después de la muerte ya no existimos! Epicuro sostiene que el alma es mortal y muere con nuestro cuerpo.

Epicuro describe el alma como un cuerpo formado por átomos finísimos y redondos, que se encuentra por todo nuestro cuerpo. Y ¿cómo es el alma? El alma es muy semejante al aire y en cierto modo al calor (Lucrecio escribirá que el alma se compone de átomos de fuego, aire, aliento y una cuarta substancia, la más fina y delgada, que es el alma del alma). El alma es corpórea, porque, salvo el vacío, lo incorpóreo no existe, sostiene Epicuro. Una parte del alma es irracional y se halla por todo el cuerpo, y la otra es racional y se halla en el pecho, como podemos apreciar cuando sentimos alegría o tristeza. El alma, al igual que el cuerpo, siente y vive mientras el cuerpo vive. Cuando el cuerpo muere, el alma se dispersa, pierde la sensibilidad y muere también. No hay, pues, vida después de la muerte, puesto que el cuerpo y el alma están unidos, y cuando el cuerpo muere, muere también el alma.

Saber que somos mortales debe reconfortarnos y no angustiarnos. Hay que abandonar el ansia de inmortalidad y vivir una vida plena, tranquila y feliz. .

Las famosas palabras de Epicuro sobre la muerte en la Carta a Meneceo apaciguan el terror de los ateos (angustiados tal vez por la desaparición del propio yo) y de los creyentes (aterrados tal vez por los futuros castigos divinos). Según el genial Epicuro, no hay que temerle a la muerte, puesto que el hombre y la muerte nunca se encuentran:

“Nada hay … temible en el vivir para quien ha comprendido … que nada temible hay en el no vivir … es necio quien dice que teme a la muerte no porque le angustiará presentarse sin porque le angustia esperarla. Pues lo que al presentarse no causa perturbación vanamente afligirá mientras se aguarda. Así que el más espantoso de los males, la muerte, nada es para nosotros, puesto que mientras nosotros somos, la muerte no está presente, y, cuando la muerte se presenta, entonces no existimos. Conque ni afecta a los vivos ni a los muertos, porque para éstos no existe y los otros no existen ya”. Epicuro, Carta a Meneceo, en Diógenes Laercio, Vidas de los filósofos ilustres, Libro X, § 125, p. 561

El conocimiento de la física y de la filosofía tienen como objetivo ahuyentar los terrores del hombre de la muerte y los dioses. Russell afirma que Epicuro sólo se interesa en la ciencia para calmar los miedos y luchar contra las falsas creencias religiosas y las supersticiones. La física es simplemente un remedio para la angustia.

Ferry, en su interesante libro sobre epicúreos y estoicos (Épicuriens et stoïciens), sostiene que toda la filosofía epicúrea se inspira en el atomismo de Demócrito. Según Salem (Les Atomismes de l’Antiquité), aunque el atomismo de Epicuro se base en el de Demócrito, fue Epicuro y no Demócrito quien pasó a ser el gran representante del materialismo (y el mayor enemigo del cristianismo). Leucipo, Demócrito, Epicuro y Lucrecio son los grandes materialistas.

Universos contingentes, engendrados y perecederos

El universo de Epicuro es un universo contingente y aleatorio. La visión epicúrea de la libertad (el hombre es dueño de su destino y su mundo es un mundo donde el hombre actúa libremente) es una consecuencia de la visión epicúrea del universo. Con su ideal de contingencia, Epicuro supera el determinismo de Demócrito, para quien todo ocurría por necesidad. Demócrito había escrito que la causa de la generación de todas las cosas era un torbellino encargado de arrastrar a los átomos y formar los diferentes cuerpos y mundos. Epicuro copia la idea de Demócrito y afirma que los diferentes mundos se generan a partir de un torbellino. La gran diferencia respecto a Demócrito es que para Epicuro el mundo existe y es por pura casualidad. Para Platón y Aristóteles, en cambio, el universo era racional, necesario y bueno (Platón había escrito en Timeo que nuestro mundo es el mayor, el mejor, el más bello y el más perfecto; y Aristóteles había afirmado en Acerca del cielo que la naturaleza siempre realiza la mejor de las posibilidades). El mundo de Platón y Aristóteles es un mundo teleológico; el mundo de Epicuro es contingente.

Uno de los aspectos más interesantes de la cosmología de Epicuro es que Epicuro no habla tan sólo de un universo, sino de varios universos.

El kosmos de Aristóteles se reducía a un compendio de 55 (ó 47) esferas homocéntricas: la Tierra se situaba en el centro e iba seguida de la luna, el sol, los cinco planetas entonces conocidos (Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno –Urano será descubierto sólo en 1781) y, finalmente, la famosa esfera de las estrellas fijas. Esta construcción formaba el kosmos, es decir, el mundo y el universo.

Al contrario de Parménides, Empédocles, Platón, Aristóteles y los estoicos, que afirmaban que sólo existía un kosmos, Epicuro defiende la existencia de varios kosmoi (para los griegos, kosmos –κόσμος– significaba a la vez mundo y universo). Según Epicuro, nada se opone a la existencia de varios mundos. Estos mundos, incluido el nuestro, nacen, envejecen y mueren. Esta idea de degeneración y disolución de los mundos o universos era impensable para los filósofos que defendían que el mundo o universo era una creación divina, como Platón. Los pitagóricos, al igual que Epicuro, también creían en la pluralidad de mundos o universos.

Epicuro afirma que los mundos han nacido del infinito. ¿Qué significa este infinito? Este infinito significa probablemente la infinidad de átomos. Los mundos son infinitos en número y son perecederos. Los átomos son infinitos en número y se mueven eternamente a través del vacío, creando continuamente diferentes mundos o universos. Puesto que los átomos son infinitos y viajan muy lejos y se mueven en un espacio infinito, los mundos deben ser también infinitos. Lucrecio hablará de la pluralidad de mundos en un universo infinito (los átomos irían formando todos los cuerpos de este mundo y de otros mundos) y habla de otras tierras, otras razas de hombres y otras especies de fieras.

Como apunta Rodis-Lewis en Épicure et son école, casi todos los filósofos antiguos pensaban que tan sólo podía existir un mundo, un universo, que era finito y acababa con la esfera de las estrellas fijas. Epicuro, en cambio, introduce una infinidad de mundos o kosmoi, y, además, les da diferentes formas (hay mundos esféricos, mundos ovoides y mundos de otras formas, afirma Epicuro).

En diciembre de 2011, la NASA descubrió el primer planeta en una zona habitable. El planeta se llama Kepler-22b y se halla a 600 años luz de la Tierra. Y el 17 de abril del 2014 la NASA anunció el descubrimiento de otro planeta, muy parecido a la Tierra, donde podría haber vida, el Kepler-186f, que se encuentra a 500 años luz de la Tierra.

La Steady-State Theory, el Big Bang y la String Theory

Aristóteles había afirmado que el universo no ha sido creado por un demiurgo como creía Platón, sino que siempre ha existido, es eterno e infinito. Los mundos y universos de Epicuro no son eternos, sino que nacen, envejecen, se desgastan y mueren. Los átomos sí que son inmutables y eternos, pero los mundos y universos que son creados por la unión aleatoria de los átomos cambian y son perecederos.

Una teoría fascinante que defendió la eternidad e inmutabilidad del universo, al contrario de Epicuro y su idea de mundos o universos engendrados y perecederos, fue la Steady-State Theory (SST), que compitió con la teoría del Big Bang de 1948 a 1965. La idea de la SST fue desarrollada en dos artículos: uno de Bondi y Gold (“The Steady-State Theory of the Expanding Universe“) y otro de Hoyle (“A New Model for the Expanding Universe“). La SST se basaba en el principio cosmológico perfecto, según el cual el universo sería homogéneo e isotrópico (uniforme en todas las direcciones) a través del espacio y el tiempo. Hoy la ciencia sostiene el principio cosmológico, que afirma que el universo es homogéneo e isotrópico en el espacio, pero no en el tiempo. La SST creía que a medida que el universo se expande se crea nueva materia y nueva energía. La SST defendía, al contrario de Epicuro, un universo eterno, sin principio ni fin. El modelo de Lemaître (desarrollado en L’Hypothèse de l’atome primitif, essai de cosmogonie, donde lanza su teoría de un universo en expansión y del átomo primitivo, que se conocerá más tarde como Big Bang) suponía que el universo era absurdamente joven, y la SST (con su creación de materia y energía y su constante densidad) resolvía este problema.

El modelo aceptado hoy por la ciencia es el Big Bang, que defiende, al igual que Epicuro (salvando enormemente el anacronismo), que el universo ha tenido un principio y también tendrá un final: el Big Crunch (nombre que siempre me ha hecho entre gracia y angustia, y que me recuerda, no sé por qué, a Cookie Monster). La teoría del Big Bang afirma que el tiempo y el espacio se crearon hace unos 13,8 miles de millones de años a partir de un punto extremadamente denso y caliente.

La string theory pretende conciliar la teoría de la relatividad general de Einstein con la mecánica cuántica. La string theory afirma la existencia de varias dimensiones (10, 11 ó 26, según el modelo) y apuesta (al igual que Epicuro, salvando enormemente el anacronismo) por un multiverso. El multiverso de la string theory es un multiverso de universos paralelos: un multiverso que Nolan nos mostró de una manera espectacular en Interstellar (una de las películas preferidas de mi hijo Itay).

Los últimos descubrimientos de las ondas gravitacionales realizados en marzo de 2014 por BICEP2 prueban la existencia de un posible multiverso. Moskowitz, en su conciso y claro artículo 5 Reasons We May Live in a Multiverse también apuesta por un multiverso. Este multiverso podría estar formado por universos infinitos, universos burbuja, universos paralelos, universos hijos o universos matemáticos. Algunos de estos universos podrían acercarse, salvando el anacronismo, a los universos epicúreos.

Los universos burbuja son una consecuencia de la teoría de la inflación cósmica. La inflación cósmica es la expansión del universo a una velocidad más rápida que la velocidad de la luz. La inflación cósmica respondería a la pregunta de por qué el universo aparece plano, homogéneo e isotrópico. Aunque en nuestro universo la inflación cósmica ya se haya producido, podrían existir otras regiones donde la inflación cósmica siguiera produciéndose, creando así nuevos universos apartados, como en una burbuja.

No se sabe a ciencia cierta qué forma tiene el espacio-tiempo, pero la ciencia apunta hoy que probablemente tiene forma plana, y que es infinito. Epicuro había escrito que, aunque haya una infinidad de átomos, las agrupaciones de átomos no son infinitas, sino incalculables. Los mundos, pues, serían también infinitos en número, pero no en variedad. Más de 2.300 años después de Epicuro, muchos científicos defienden que el número de posibilidades en las que las partículas pueden organizarse en el espacio y tiempo es finito, y no infinito.

Salvando enormemente el anacronismo, los infinitos kosmoi de Epicuro encajarían, de alguna manera, en el multiverso defendido hoy por gran parte de la comunidad científica.

Las múltiples explicaciones de los fenómenos celestes

Epicuro habla de los fenómenos celestes al final de la Carta a Heródoto y, extensamente, en la Carta a Pítocles. La Tierra estaría sostenida por el aire. Los astros son masas de fuego hechas de tierra y de piedra, y no son movidos por los dioses. Los solsticios, los eclipses, la salida y el ocaso de los astros nada tienen que ver con los dioses.

Epicuro afirma que el hombre que conoce los fenómenos celestes no tiene miedo. Conocer los fenómenos celestes hace que los temores a los dioses desaparezcan.

En la Carta a Pítocles, Epicuro habla de la cara de la luna, el eclipse de sol, el eclipse de luna, la diferencia en la duración de los días y las noches, las nubes, la lluvia, los truenos, los relámpagos, los ciclones, los terremotos, el granizo, la nieve, el rocío, el hielo, el arco iris, los cometas y el movimiento de los astros. Todas las explicaciones que se basen en la observación o que, simplemente, sean posibles, son válidas. Epicuro propone varias posibilidades y, por prudencia y humildad, no escoge entre ellas.

Conclusión

En el atomismo de Epicuro no hay orden ni lógica ni creación divina. El epicureísmo sería, pues, la antítesis de la tradición cosmológica de Parménides, Platón, Aristóteles y los estoicos. Sólo los pitagóricos (quienes también defendieron la pluralidad de kosmoi) compartirían, en materia cosmológica, algunos pequeños puntos con el epicureísmo.

Russell afirma que la influencia de Aristóteles fue un obstáculo para el progreso y aclara que cualquier filósofo de la Antigüedad que hubiera influido en el pensamiento durante 2.000 años habría sido nefasto para la humanidad, con la sola excepción, tal vez, de Demócrito. Russell admira en Demócrito el atomismo, que es uno de los pilares de la filosofía de Epicuro.

Hoy, salvando enormemente el anacronismo, la pluralidad de mundos de Epicuro podría equipararse a la pluralidad de universos defendida por una gran parte de la comunidad científica, y el todo infinito epicúreo podría tal vez equipararse, salvando, una vez más, el anacronismo, a la infinidad del espacio-tiempo. Esta comparación suena un tanto fantástica y puede parecer absurda; sin embargo, es difícil ignorar las similitudes.

La ciencia tiene hoy varias razones para creer en la existencia de un multiverso, una postura fascinante que explicaría varios fenómenos que se observan en el universo. El multiverso es la consecuencia de las principales teorías científicas de hoy en día (la inflación cósmica, la mecánica cuántica y la string theory). Epicuro, charlando en su Jardín, sin telescopios, sin BICEP2, defendió, hace más de 2.300 años, la existencia de infinitos mundos o universos.

Personalmente, creo que cualquier acercamiento a los misterios del universo es fascinante. Siempre y cuando las respuestas no sean discriminatorias ni prometan castigos eternos, cualquier teoría (aunque luego quede descalificada) hace avanzar al minúsculo ser humano en el conocimiento de la naturaleza y el universo.

Las teorías que defienden un multiverso, como había defendido ya Epicuro, son fascinantes. La respuesta al origen y fin del universo, a la creación del tiempo y de otros universos, ya sean infinitos, paralelos, burbujas, hijos o matemáticos es, a mi juicio, inalcanzable. La propuesta de la Steady-State theory, por ejemplo, puede resultar audaz, pero su originalidad no es menos escandalosa que la teoría del Big Bang o la string theory. Pensar que el tiempo no existía antes del Big Bang resulta incómodo y la respuesta a qué había antes del Big Bang también es problemática. La string theory, con sus múltiples dimensiones y sus universos paralelos, es también original y, a la vez, brillante y angustiante.

Personalmente, en cuestiones de tal magnitud, me acerco mucho más al escepticismo de Hume que a las teorías científicas o a la arrogancia de las religiones monoteístas (que creen poseer todas las respuestas). En este sentido, la posición de Epicuro de no decantarse por ninguna respuesta posible a los enigmas del universo y la naturaleza es humilde y honrada. Nuestro universo es un misterio y lo seguirá siendo, aunque Hawking opine lo contrario. Eso no quiere decir que la búsqueda de respuestas por parte de la ciencia y la filosofía no sea fascinante y necesaria.

Epicuro se adelantó a su tiempo y creó una cosmología basada en el atomismo, independiente de los dioses, con infinitos mundos o universos, imaginativa a veces, pero siempre coherente. Su apuesta por la posibilidad de la existencia de infinitos mundos o universos se acercaría hoy en día a una de las respuestas más satisfactorias al enigma del cosmos.

 Antonia Tejeda Barros, Madrid, 31 de mayo de 2017

Primera versión (más académica y rollazo) en el Blog de Antonia Tejeda Barros

Más artículos de Antonia Tejeda Barros en el rincón de Antonia

Hubble shears a "woolly" galaxy

(Galaxia NGC 3521. NASA/ESA Hubble Space Telescope / NASA)

Bibliografía

Ferry, Luc, Épicuriens et stoïciens. La quête d’une vie réussie, Paris, Flammarion, 2012, pp. 5 – 96

García Gual, Carlos, Epicuro, Madrid, Alianza Editorial, 2006 (1981), pp. 7 – 277

Hawking, Stephen, A Brief History of Time. From the Big Bang to the Black Holes, Bantam Books, London, 1989 (1988), pp. vi – 211

Kragh, Helge S., Conceptions of Cosmos. From Myths to the Accelerating Universe. A History of Cosmology, Oxford (UK), Oxford University Press, 2013 (2007), pp. 1 – 276

Laercio, Diógenes, Vidas de los filósofos ilustres (Trad. Carlos García Gual), Madrid, Alianza Editorial, 2008, pp. 7 – 607

Lucrecio, La naturaleza de las cosas (Trad. Miguel Castillo Bejarano), Madrid, Alianza Editorial, 2003, pp. 9 – 331

North, John, The Fontana History of Astronomy and Cosmology, Fontana Press (HarperCollinsPublishers), London, 1994, pp. vii – 697

O’Connor, Eugene, The Essential Epicurus, New York, Prometeus Books, 1993, pp. 7 – 101

Rubenstein, Mary-Jean, Worlds without End. The Many Lives of the Multiverse, New York, New Sussex, Columbia University Press, 2014, pp. ix – 343

Russell, Bertrand, History of Western Philosophy, London, Routledge Classics, 2004 (1946), pp. vii – 778

Rodis-Lewis, Geneviève, Epicure et son école, Paris, Gallimard, 1993 (1975), pp. 11 – 412

Salem, Jean, Les atomistes de l’Antiquité: Démocrite, Epicure, Lucrèce, France, Flammarion, 2013 (1997), pp. 7 – 320

Sellés, Manuel, Introducción a la historia de la cosmología, UNED, Madrid, 2007, pp. 7 – 301

Singh, Simon, Big Bang. The most important scientific discovery of all time and why you need to know about it, Harper Perennial (HarperCollinsPublishers), London, 2005 (2004), pp. 3-532

Wright, Rosemary (M. R.), Cosmology in Antiquity, New York, Routledge, 2006 (1995), pp. vii – 201

Webs & Links

Epicurus and Epicurean Philosophy

Epicurean Philosophy online

NASA

NASA’s Kepler Mission Confirms Its First Planet in Habitable Zone of Sun-like Star, December 5, 2011

Kepler-186f, the first Earth-size Planet in the Habitable Zone

Moskowitz, Clara, “The Big Bang: Solid Theory, But Mysteries Remain“, March 19, 2010

Moskowitz, Clara, “5 Reasons We May Live in a Multiverse“, December 7, 2012

Vergano, Dan, “Big Bang discovery opens doors to the “Multiverse”. Gravitational waves detected in the aftermath of the Big Bang suggest one universe just might not be enough” (National Geographic), March 19, 2014

Advertisements