El Papus

HCH-3-JE-SUIS-CHARLIE HCH 3 / Marzo 2015

El Papus, por Juan Guillermo Tejeda

El 20 de septiembre de 1977 alguien llevó un maletín de cuero a la redacción de la revista satírica española El Papus, en un momento en que 16 redactores y dibujantes estaban en reunión de pauta. Lo recibió el conserje Joan Peñalver, quien lo llevó hasta las oficinas de la revista. Antes de poder entregarlo aquello explotó arrancándole de cuajo los brazos y esparciendo su cuerpo en trozos por el recinto.

Quedé muy impresionado al saber aquello, las fotos eran horribles, y es que El Papus fue la primera revista donde me publicaron unos dibujos, dos o tres años antes, a los pocos días de haber llegado a Barcelona.

Yo había preparado una carpetita con dibujos y me fui a las redacciones de todos los periódicos y revistas, en total hice una docena de visitas, quizá unas pocas más. El Papus se parecía mucho a la revista francesa Hara Kiri, que fue luego Charlie Hebdo. Cuando la compré en el quiosco junto con los otros medios para saber cómo era y dónde había que ir, me pareció muy loca, irreverente, fea y poco elegante, y la mitad de los chistes era incapaz de entenderlos o por la jerga o por el rollo político. Fui a la calle Tallers, saludé al conserje, subí a las oficinas y allí me atendió el dibujante Gin. A la semana siguiente aparecieron mis dibujos, y estuve realmente orgulloso, después fui a buscar el cheque. Publiqué un poco más en El Papus, no mucho, y es que en realidad no era mi tipo de revista, pero entretanto logré hacerme camino en otros medios

Cuando ocurrió ese atentado, cuyos autores de ultraderecha pertenecían a la así llamada Alianza Apostólica Anticomunista, había en España una democracia protegida, muy a medias, sumida en un ambiente tenso que culminaría poco después en el intento de golpe de estado de 1981 protagonizado por el coronel Tejero y el general Milans del Bosch, pero también con un periodismo que brindaba todo lo que podía a un público ansioso de libertad y de nuevas formas. Yo hacía dibujos o viñetas para Interviú y Por Favor, siempre un poco como chileno, un colaborador secundario aunque tenaz, y estuve quince años en eso.

En Por Favor estaban todas las estrellas de la intelectualidad progre de entonces y yo me sentía honrado de colaborar allí aunque veía muy poco a las estrellas pero igual quedaba jadeante si hablaba con Vázquez Montalbán o Perich o Maruja Torres o Juan Marsé. El caso es que hice un dibujo sobre el horror de El Papus, era una foto en alto contraste de Hitler riéndose con un globito con el texto: pues este chiste de El Papus sí que me ha gustado. Lo llevé a Por Favor, firmado como tex, que era mi apodo de dibujante, y dos días después estaba de portada de Por Favor en todos los quioscos de España.

Me daba una mezcla de terror por la ultraderecha amenazante, de orgullo cívico por haber reaccionado a tiempo ante una salvajada de ese tipo, y de satisfacción profesional. Como chileno, yo estaba en una situación legal muy frágil, con visas de tres meses, y mi hija tenía entonces dos años, aunque mis terrores nocturnos se desvanecían cada mañana, cuando salía con paso firme a comerme el mundo.

Cuando regresé a Chile en 1987 decidí, pese a mi experiencia como dibujante de humor en España, no dedicarme a eso en Chile. Por una parte me pareció que el medio chileno era, en verdad, modestísimo en relación al europeo. También me había sobrevenido una fatiga en eso de estar siempre haciendo chistes gráficos, yo hacía un promedio de diez a la semana, y en catorce años es mucho, uno comienza a repetirse, a transformar la ocurrencia fogosa en luz plana y estandarizada. Finalmente, me parecía al llegar a Chile que era preciso contribuir a cicatrizar las heridas y a diluir los muros divisorios de las varias culturas de guetto que se habían ido formando como resultante de la dictadura y sus brutalidades. No era el periodismo satírico, pensaba yo entonces, la actividad más adecuada para ese momento. Yo estaba por recobrar la democracia aunque al mismo tiempo por tratar de superar la lógica de los enfrentamientos, y en eso mi instinto no estaba lejos del de la mayoría de los chilenos de entonces. Ganamos el plebiscito, se restableció la demoracia, y me dediqué mayormente a actividades creativas alejadas del dibujo satírico.

En 1999 volví al humor satírico al participar con gran entusiasmo junto a Patricio Fernández en la creacion de The Clinic, una revista antipinochetista que fue resultado de la detención en Londres del dictador convertido en senador y luego en preso, lo que era realmente muy reconfortante. Estuve un año en eso, la revista siguió y con mucho éxito. The Clinic no tenía dibujos sino sólo fotografías vintage o absurdas, y su chiste consistía en titular noticias falsas que parecían más reales que las que servilmente publicaban entonces los otros diarios, mayormente de derechas que en Chile equivale a ultraderecha neoliberal e integrista. Dentro de la redacción yo defendía un humor blanco y quizá más intelectual que el de mis socios, aunque ellos siguieron y acertaron.

Cuando supe lo de Charlie Hebdo quedé muy impresionado, y se me cruzaban la brutalidad del atentado criminal, la muerte de Wolinski, uno de mis héroes y referentes en dibujo de humor, y la sensación de que, según como, bien podía yo haber estado allí. En mi recuerdo sigue vivo el orgullo de lo que un poco automáticamente hice cuando fue el atentado de El Papus. Los años han pasado, la violencia ante el humor no pasa.

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Portada del número 170 de Por Favor firmada por tex (Juan Guillermo Tejeda), 3 de octubre de 1977

GUI-ANTONIA-ITAY Juan Guillermo Tejeda, Santiago de Chile, 6 de febrero de 2015

PARA LEER EN PDF (pp. 22–25): HCH-3-MARZO-2015