Sobre la realidad y sus máscaras y otras consideraciones

aix-3-armenios HCH 10 / Mayo 2016

Sobre la realidad y sus máscaras y otras consideraciones, por Víctor Bermúdez Torres

Estoy mirando otra vez los cuadros de Daniel Gil, como desde dentro, tirado en una de esas rocas, junto a los músicos que siguen a lo suyo, y frente a un atardecer crónico.

Sería fácil decir que Daniel ha creado un mundo surrealista o fantástico, pero esto, como todo lo fácil, es falso. Sus imágenes serían surrealistas si tuviéramos alguna idea válida de lo que es la realidad. Como esta idea brilla (o es pintada) por su ausencia, diremos que su pintura es, eso, un fiel reflejo de lo que no se sabe. ¿Cómo que fiel? Una imagen es fiel a la misteriosa realidad cuando mirando por sus ventanas (toda buena imagen las tiene) oteamos más allá de lo que vemos. Es decir: cuando, gracias a ella, comprendemos mejor el mundo. Y es obvio que el mundo no se comprende mejor reproduciéndolo tal como parece ser, sino interpretándolo o, lo que es lo mismo, desenmascarándolo, o, lo que es igual, descubriendo sus máscaras.

La máscara primaria, la más apegada a la apariencia, es la luz, la materia que el pintor deforma y descompone en manchas y colores para mostrar su ausencia y romper su silencio. La luz solo habla si es alucinación o lucidez de pintor. La luz de Daniel es luz de lubricán venusiano, la de ese instante del crepúsculo o el alba en que los colores no parecen ser lo que parecen, y la sombra es tan clara que nos asombra descubrir que existe, como asombra descubrir otros mundos tras la mascarada de éste (¿de cuál?).

La segunda máscara: la figura; nada hay que parezca hacer más creíble (y por eso más increíble) lo que vemos. Las figuras de Daniel Gil vienen del jardín leonés del Bosco y han mutado en una fauna nueva de seres, aún más cierta que la de los ángeles o los átomos. Son seres que calladamente cuentan lo que en el fondo somos; por eso son tan increíblemente creíbles.

¿Y qué somos, qué es todo esto? Esta es la tercera máscara: la del sentido… Somos, por de pronto, mascarada, carnaval. Pero carnaval no es caos, sino orden: un orden inverso, una mascarada que desenmascara el mundo aparente de la figura, mostrándolo como reflejo en un espejo invertido, como el revés del mundo al derecho, como un darle la vuelta a las cosas para verlas por detrás de los ojos…

Por todo esto, el mundo que nos pinta Daniel Gil es realmente realista, mucho más real que la realidad: carnaval del carnaval, reflexión frente a un espejo que se curva sobre sí mismo, lucidez, revelación… En ese mundo que ahora, gracias a Daniel, es también el nuestro, hay orden, vida, mecanismo, jerarquía, música. Pero sobre todo hay reflexión: tiempo que se para a mirarse a sí mismo y da a luz ese instante lúcido, quieto e infinito que es una obra de arte.

Por eso, porque en ese mundo que Daniel Gil ha pintado hay arte, este mundo que es su máscara, o su reflejo pervertido, es un poco mejor: en él hay artistas, sin duda, sin máscara.

HCH-VICTOR-FOTO-GOOD Víctor Bermúdez Torres, Mérida, 2012

(Daniel Gil Segura, Musiciclo. Técnica mixta (óleo y acrílico), 150 x 62, 2012)

Advertisements