Adolescentes que se van con un portazo: otro suicidio en Eibar

hch-15-cervantes HCH 15 / Marzo 2017

Adolescentes que se van con un portazo: otro suicidio en Eibar, por Ángel Repáraz

A principios de octubre de 2016 en Eibar, una pequeña ciudad industrial guipuzcoana de unos 27.000 habitantes, se vive con muy legítimo orgullo el empate del club de fútbol local ante el Real Madrid, y en el Bernabéu. Fue por entonces cuando apareció en las redes un vídeo con dos jugadores de la plantilla del equipo en un encuentro erótico con una muchacha; hay que señalar que tanto la grabación como su difusión se habían realizado sin el consentimiento de ella, que lo denunció. La joven, una camarera, hubo de solicitar la asistencia de psicólogos una vez que se difundió la cinta (grabada bastante antes). Los jugadores protagonistas declararon entonces que lamentaban el daño causado al club, a los aficionados, la ciudad y a los niños. Al parecer, solo después recordaron a la joven afectada. Un pequeño escándalo entre los sectores pacatos de la villa armera.

       Poco después se produce otra revelación. Unai, un muchacho de 12 años -no se ha proporcionado el apellido-, se da muerte el miércoles 2 de noviembre en su domicilio del barrio de Urkizu arrojándose de un tercer piso (lo que parece que implicaba una altura real casi doble). Deja una nota escrita con los nombres y apellidos de tres compañeros, a los que, hay que decirlo con mucha cautela, aparentemente hace responsables, los tres menores. En la nota figura, siempre conjeturalmente, asimismo el nombre de una persona vinculada al club de baloncesto de que era socio el muchacho suicida. Unai, por lo demás, asistía a una ikastola, donde había empezado el primer curso de la ESO; tenía asimismo intereses musicales (tocaba el violín). La Fiscalía de Menores de Donostia investiga el asunto. En noviembre todavía resultaba prematuro extraer conclusiones; pero hasta el momento, por lo menos en la prensa, no se he filtrado nada.

       Hace ya bastante más de un siglo que Durkheim hablaba en su conocida monografía sobre el suicidio de “los poderes oscuros de la raza”[1]; pero con ello no vamos muy lejos en el análisis. Ya nos parece más inteligible cuando dictamina que “el suicidio es eminentemente contagioso”[2], incorporando a renglón seguido la salvedad de que tal cosa afecta tan solo “a individuos muy predispuestos”. ¿Qué está pasando para que aflore ahora tanta ‘disposición’ en los adolescentes, también los vascos? Si, como afirman los especialistas, la vida es el conjunto de funciones que resisten a la muerte, nos preguntamos qué le ha sucedido a Unai para que esas funciones queden en suspenso. Los suicidios debidos al acoso escolar van en aumento, además; existen ya teléfonos para estos casos desde hace poco. Se ha sugerido también la conveniencia de “crear un Censo de Agresores [al] que, de manera confidencial, […] en colaboración con la Fiscalía y el Juzgado de Menores, tendrían acceso los orientadores […] para prevenir casos de acoso escolar por parte de agresores que ya hayan sido sancionados y expulsados de otros centros educativos […]”[3]. Sería una profilaxis deseable.

       Parece que somos la única especie biológica que puede darse muerte. En cuanto a las causas de cada decisión concreta, nuestro conocimiento es limitado. ¿Alcanza un muchacho de 12 años a entender lo que es la cesación absoluta e irreversible de todo un mundo personal? En nuestra irresolución nos volvemos a la psicología social, y ya el mencionado Durkheim ha observado sociedades “moralmente desamparadas”. Pero el bullying ya no es un delito secreto. Juan Calparsoro, Fiscal Superior del País Vasco: “[…] ahora hay más conciencia de la importancia y la gravedad del acoso escolar”. Además, “[…] todos los centros escolares de Euskadi tienen unos protocolos para detectar y dar una respuesta adecuada […][4]”. Sin embargo de todo esto, las denuncias no crecen: “Hay varios casos de agresiones físicas, pero un alto porcentaje son insultos, vejaciones, amenazas […][5]”.

       Se insiste en que la mayor sensibilidad que se da en el ámbito vasco ante esta realidad debe mucho a otro caso: el suicidio de Jokin Ceberio, que en 2014 y con 14 años se arrojó de la muralla de Hondarribia. La autopsia reveló que había sido sometido a auténticas torturas por parte de algunos compañeros. Sin duda que los protocolos instaurados entonces han sido útiles para la corrección, o la prevención de otros abusos. Pues bien, los entusiastas de la tecnología informática deben saber también que con ella se han multiplicado las modalidades del acoso; “[…] con las tecnologías cualquier persona puede abusar de un menor en cualquier parte del mundo”, advierte R. Raposo, psicóloga forense. Como si los peores tuvieran en sus manos un cierto poder, y lo ejercieran: un poder invisible. Por su parte, el padre de otro menor muerto en Tafalla en febrero de 2015 como resultado de una paliza, y no está solo, solicita cambios en la Ley del Menor[6].

       Nos preguntamos si ofrece dudas la nota que deja alguien que con 12 años se apresta a matarse. El Departamento de Educación del Gobierno vasco descartó la intervención externa, quizá con alguna premura, ya el 5 de noviembre; es asimismo un hecho que en este caso no se había incoado protocolo alguno por acoso escolar. Si lo hubo, el acoso no debió producirse en el recinto de la ikastola, se piensa. Tampoco entre los componentes del equipo de balonmano hay explicación para la tragedia. Alberto Echaluce reproduce[7] las palabras del principal oficiante en la ceremonia religiosa final, dirigidas a los padres: “Siempre fuisteis una familia que vivió feliz y tranquila, con vuestros dos hijos. Y ahora confiad en la resurrección”. Precisamente en la resurrección de los muertos. Entre los vecinos entre tanto se reconoce que el acoso escolar está “muy extendido”, y que hay niños que callan.

       Aquí incide el juez Emilio Calatayud, para quien el acoso escolar “se tapa mucho”, y a los juzgados llega “poco para lo que parece haber”[8]. Pero también aquí existen señales de esperanza. El mismo juez declara que ya han sido condenados colegios como responsables subsidiarios en casos de acoso (las denuncias son casi siempre de particulares o de la Policía). En fin, se diría que la freudiana pulsión de muerte está diseminada con perversa uniformidad allí donde hay humanos, también menores. ¿Estará la sociedad vasca en el subsuelo menos cohesionada de lo que parece? Allí y en todas partes en institutos y en las redes se extiende una hasta no hace mucho impensada y a menudo obscena forma de utilización de la libertad de expresión. Conviene saberlo.

 

ÁNGEL-REPÁRAZ Ángel Repáraz Andrés, Madrid, 9 de enero de 2017

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Material utilizado

Alonso, Idoia, “Es preocupante que haya colegios reacios a actuar contra el acoso”. En: ‘Diario de Noticias de Álava’, 26 de octubre de 2015.

Alonso, José Mari, “Eibar, una ciudad dividida por el escándalo sexual de Enrich y Luna”. En: ‘El Confidencial’, 8 de octubre   de 2016.

Durkheim, Émile, El suicidio. Madrid: Losada, 2004 (1897).

Echaluce, Alberto, “Era un niño muy risueño”. En: ‘El Diario Vasco’, 5 de noviembre de 2016.

Europa Press, “El juez Calatayud señala que el acoso escolar se tapa mucho’”. En: epandalucia, 5 de noviembre de 2016.

Merino, Pedro Julio, “Acoso escolar o Bullying-21”. En: NCR24, 6 de noviembre de 2016.

Napal, Jorge, “Euskadi es la tercera comunidad que más recurre al teléfono de ayuda al menor”. En: Diario de Noticias de Gipuzkoa, 18 de octubre de 2015.

NOTAS

[1]   Durkheim, Émile (2004: 96).

[2]   Durkheim, Émile (2004: 102).

[3]   Merino, Pedro Julio, art. cit.

[4]   Alonso, Idoia, art. cit.

[5]   Alonso, Idoia, art. cit.

[6]   Napal, Jorge, art. cit.

[7]   Echaluce, Alberto, art. cit.

[8]   Europa Press, art. cit.