Sincronías

 HCH 7 / Noviembre 2015

Sincronías, por Delia Aguiar Baixauli

Mientras tú recitas el primer poema de la noche
es posible que yo ande por mi séptima oficina.
Con cada papelera que vacío (ya sabes, el trabajo),
un nuevo poeta sale a escena,
completa un desfile que nadie podrá destruir.
Siento sus latidos, sus nervios,
es el éxtasis de una simbiosis trágica
que pronto llegará al final.

¿Alguna vez pensaste en los negros de la selva con sus tambores?
Existen en cada ciudad y son siempre los mismos
vestidos con su atuendo urbano.
Cuando rasco en sus trajes veo que todos esconden
palmeras y batucadas, cantantes entre las sombras,
y el calor del fuego en los pies, la cuna de su danza.
El ser humano canta allí donde pisa,
pero la Tierra se me ha marchado de la Tierra
y ya no importa, ya no hablo.
Me dejo llevar por las tareas.

De noche, los autobuses llegan vacíos,
arrastran la desesperación de un fantasma hasta que se llenan
de obreros de caras desgastadas.
Un rumano hurga en su zapato la limosna
que jamás le dieron,
los moldavos se sientan en su imperio,
los sirios esconden sus manos.
Todos corremos con el viento en busca del alma.
Florecemos de una manera distinta,
quizá sentados, con la cabeza entre las piernas;
vemos crecer al muerto en vida que está feliz de estar muerto,
temporalmente muerto,
que mira su perfil y se observa de frente,
tumbado en la cima de un monte, rígido y a la vez deshecho,
sabiendo que cuando lo desee,
podrá resucitar y hará girar el mundo como si fuera una hélice.
Paseará su bata sin cuerpo, de madrugada,
se dejará hacer el amor con furia
y cada grito será un trozo de carne que se añade.

DELIA-AGUIAR Delia Aguiar Baixauli, Berlín, 27 de septiembre de 2015

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