En favor de una educación estética

HCH-17-GAY-pride-OK HCH 17 / Julio 2017

En favor de una educación estética, por Eugenio Sánchez Bravo

Si queremos profundizar en la relación entre educación y tecnologías de la información, conviene repensar por enésima vez el viejo mito de la caverna.  El modo más frecuente de interpretar el mito nos cuenta que la mayoría vivimos en un mundo de imágenes falsas, sombras  equívocas y apariencias que nos esclavizan. Existen, sin embargo, otras ideas verdaderas que resplandecen con el aura de la verdad matemática. Quienes las hayan conocido podrán orientarse en la oscuridad y descubrir la verdad “en lo que concierne a las cosas bellas, justas y buenas”. Nuestras leyes y decretos educativos confían en esta versión del mito. Insisten en que la sociedad de la información necesita ciudadanos que hayan desarrollado en la escuela un misterioso sentido crítico que les sirva para sortear con destreza la manipulación publicitaria, periodística…

Desgraciadamente, esa interpretación del mito es falsa y nuestras leyes educativas parecen pensadas para un universo alternativo. Cuando Platón polemiza sobre cómo discernir qué es una obra de arte y qué no lo es, tiene muy claro que la tragedia, por ejemplo, será arte si inculca los valores de obediencia y sumisión al orden establecido.  En caso contrario, expulsará a los poetas de la ciudad. Platón concede en varias ocasiones que sus ideas verdaderas no son más que las grandes mentiras que permiten a los gobernantes mantener el orden social. La realidad es que, si Platón viviese hoy, aplaudiría la censura de Google en China o la persecución de Julian Assange en Occidente.

Visto lo anterior, ¿por qué volver sobre la caverna platónica? Porque gira en torno a las imágenes y nuestra sociedad de la información es un repentino y gigantesco tsunami de imágenes que todos se esfuerzan en controlar. Frente a esta avalancha se dan básicamente dos posibilidades: prohibir o dejar fluir. La reacción platónica es la de prohibir, tal y como el Ministerio del Interior pretende hacer con las imágenes que se tomen de policías en manifestaciones. No se me ocurre una idea más peregrina en estos tiempos de smartphonesipads

La segunda opción, más sensata, es asumir el flujo interminable de imágenes a pesar de que ello implique, entre otras consecuencias, la desaparición de lo real en favor de lo virtual. En lo virtual las fronteras entre verdad y falsedad, entre el bien y el mal, se desvanecen con facilidad. El nuestro es un tiempo complejo, laberíntico. Las imágenes a nuestro alrededor son cualquier cosa menos transparentes: símbolos ocultos, dobles sentidos, mensajes subliminales y una continua metamorfosis son igual de frecuentes en el arte, las series de animación o televisión, los videojuegos, el cine y la publicidad. A pesar de Platón, la Filosofía sigue siendo en este caso la mejor defensa para proteger la integridad de nuestro juicio. No se trata de fingir haber descubierto ideas verdaderas sino de perfeccionarse en el arte de la sospecha.

Para concluir, en el mundo de las tecnologías de la información una educación que viva de espaldas a una educación estética y, por tanto, filosófica, se convierte en una fábrica de analfabetos digitales, en un peligro para la democracia. Cuando Wert habla de aumentar la productividad recortando la inversión y reforzando las materias instrumentales es como si quisiera dejarnos para siempre en la prehistoria.

eugenio sanchez bravo Eugenio Sánchez Bravo, Plasencia, 19 de enero de 2013

Publicado en Aula de Filosofía el 19 de enero de 2013

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