El Jardín de las Delicias

HCH-9-LOGO-JIANGYN-RD HCH 9 / Marzo 2016

El Jardín de las Delicias, por Amaya Bozal

Apenas se tienen datos de Jeronimus o Hyeronimus Bosch, El Bosco, cuyo cuadro, El jardín de las delicias, fue comprado por Felipe II y posiblemente fuese la última obra que contempló en su lecho de muerte.

El reto que suponía escribir e ilustrar un libro sobre el Bosco para niños y, sobre todo, acerca de un cuadro tan complejo y con tantas lecturas como El jardín de las delicias, era atroz: ¿Cómo abordar estas escenas sin aludir al concepto de pecado? ¿Cómo explicarlo sin caer en los manidos tópicos de que El Bosco deliraba?

La solución fue acudir a la historia, a la verdad histórica. El Bosco vivió en tiempos oscuros, de superstición y guerras. Pero también tiempos de descubrimientos. Quizá su mayor fuente de inspiración fueran los llamados Gabinetes de maravillas, el origen de los modernos Museos de Ciencias Naturales: habitaciones repletas de animales y vegetales deformes, extraños o desconocidos, que los príncipes atesoraban y exponían en vitrinas solo para la contemplación de los elegidos. Así que todos esos animales híbridos que aparecen en la obra de El Bosco, esas frutas jugosas y exóticas, plantas maravillosas y raras como el árbol del drago que vemos en el primer panel, son una versión de lo que podía verse en los Gabinetes de maravillas. El diminuto tamaño de la figuras también tiene que ver con las miniaturas, los libros iluminados de los monjes y, sobre todo, los “bestiarios”, aquellos libros fabulosos que recogían ilustraciones de los monstruos y animales más fantásticos.

Así, El jardín de las delicias podría contemplarse de alguna manera como un fantástico gabinete, repleto de pájaros exóticos, frutas enormes, algunas raras y desconocidas… un Gabinete de maravillas que pretendía mostrar la historia de la humanidad, desde los orígenes, el Paraíso, hasta el final, el Infierno.

El libro también está concebido para ser, en sí mismo, un Gabinete de maravillas en dos dimensiones, poblado de letras iluminadas, de frascos con seres maravillosos, pájaros, imágenes que van surcando las páginas a veces sin dirección. Los originales fueron realizados con collage y témpera, (la témpera es una pintura siempre viva y puede llegar a desarrollar hongos cuando se almacena mal). La témpera viene de antiguo y produce unos tonos sombríos que nada tienen que ver con las tonalidades alegres y pop del acrílico, que se suele utilizar hoy en día en ilustración. Témpera, pan de oro, como el que se usaba para dorar los retablos de las iglesias y los artesonados de aquellos Gabinetes de maravillas, y pigmentos naturales, como los que el propio Bosco debió mezclar y majar en su propio taller.

Tal es el resultado: un libro que es una reflexión histórica y un Gabinete de maravillas en sí mismo. Disfrútenlo.

LOW_AmayaBozal-5 Amaya Bozal, Madrid, febrero de 2016

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El Jardín de las Delicias (texto e ilustraciones de Amaya Bozal), Machado Libros, Madrid 2014, puede encontrarse en amazon y en La Casa del Libro.

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