Feuerbach: el hombre que empezó a matar a Dios

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Feuerbach: el hombre que empezó a matar a Dios, por Antonia Tejeda Barros

Podría decirse que casi todo el mundo conoce a Marx, Nietzsche y Freud. No todos han leído sus obras, pero la mayoría conoce aunque sea la barba de Marx, el bigote de Nietzsche y el puro de Freud. Pero, ¿quién conoce a Feuerbach? Feuerbach fue el padre de los maîtres du soupçon[1] y el genio que empezó a matar a Dios y empezó a devolverle la dignidad al hombre[2]. Nació en Alemania en 1804 (14 años antes que Marx, 40 años antes que Nietzsche y 52 años antes que Freud) y murió en 1872, 29 años después de que Marx escribiera su famosa frase: “Die Religion … ist das Opium des Volks[3], y 11 años antes de que Nietzsche publicara sus Libros I y II de Also sprach Zarathustra. Feuerbach fue un hegeliano de izquierda (de 1824 a 1826 asistió en Berlín a todas las clases de Hegel ­–exceptuando las de estética y repitiendo las de lógica–). Fue materialista, liberal y humanista. Aunque suele definirse a Feuerbach, un poco a la ligera, como ateo, la verdad es que sus primeros escritos[4] son claramente panteístas. Su panteísmo evolucionará hacia un ateísmo humanista. Arvon define el humanismo de Feuerbach como “ambigu, athée et religieux à la fois[5]. La genialidad de Feuerbach radica en que no niega la existencia de Dios, sino que defiende que Dios existe, pero puramente como sentimiento humano. La esencia de la religión es la esencia del hombre; ése es su brillante descubrimiento. Feuerbach interpreta la religión como proyección y como alienación. El hombre proyecta su esencia en Dios y se enajena al atribuir a Dios sus propias cualidades humanas. Harvey apunta que ya Jenófanes[6] observó cínicamente que los dioses etíopes eran negros y de narices planas, y los dioses tracianos, blancos, rubios y de ojos azules, y describió a los dioses como proyecciones humanas. Feuerbach, sin embargo, fue el primero que empleó la proyección y la alienación como base de su crítica de la religión[7].

Feuerbach fue educado bajo el protestantismo. Pronto abandonó sus estudios de teología para estudiar filosofía: “¡No teología, sino filosofía … no creer sino pensar!”[8]. Cuando tenía 21 años, escribió a su padre: “El alimento de la niñez se hace indigerible al hombre maduro”[9]. La preocupación que Feuerbach sintió por el hombre hizo que el hombre, con todos sus defectos y su mortalidad, desbancara a Dios: “Dios fue mi primer pensamiento; la razón, el segundo, y el hombre, mi tercero y último pensamiento”[10]. Feuerbach situará la antropología por encima de la teología, y al hombre por encima de Dios. Su mensaje es una elevación del hombre: “El propósito de mis escritos y … de mis lecciones es convertir a los hombres de teólogos en antropólogos, de teófilos en filántropos (…) Mi propósito no es en modo alguno meramente negativo, sino positivo; yo niego únicamente para afirmar; yo niego únicamente la esencia aparente y fantástica de la teología y de la religión, para afirmar la esencia real del hombre”[11]. Feuerbach denunció el empobrecimiento que el hombre sufre al elevar a Dios. Si Dios se eleva, el hombre se empequeñece: “Cuanto menos es Dios tanto más es el hombre; cuanto menos es el hombre tanto más es Dios”[12]. Arvon describe 3 períodos en la trayectoria de Feuerbach: el hegeliano (de 1828 a 1838), el humanista (de 1839 a 1844) y el materialista (de 1845 a 1866).

Feuerbach escribió obras profundas, minuciosas, elegantes y chispeantes. Entre mis preferidas se encuentran: Gedanken über Tod und Unsterblichkeit (1830), Das Wesen des Christentums (1841[13]) y sus ensayos cortos Das Wesen des Glaubens im Sinne Luthers (1844), Merkwürdige Äußerungen Luthers nebst Glossen (1846) y Das Wesen der Religion (1846). Muchos de sus escritos no han sido traducidos al español ni al inglés, y la mayoría de sus obras (exceptuando 4 ó 5 libros) no se ha editado separadamente. Existen varias ediciones de sus Obras Completas: Sämtliche Werke (10 tomos), edición de Wigand, 1846–66; Sämtliche Werke (10 tomos), edición de Bolin y Jodl, 1903–1911[14], y Gesammelte Werke (22 Tomos, de 300 a 650 páginas cada uno), edición de Schuffenhauer, 1967[15]. La única edición que es posible comprar hoy (no todos los tomos, pero sí algunos) es la edición de Schuffenhauer. Los tomos son muy caros y algunos no se reeditan desde hace tiempo. Me pregunto cómo es posible que sea tan difícil encontrar (no ya traducidos, sino en alemán) los libros de un pensador tan crucial como Feuerbach…

En Gedanken über Tod und Unsterblichkeit (publicado anónimamente), Feuerbach afirma que la inmortalidad del hombre es una invención humana. Feuerbach describe la muerte como una negación que se niega a sí misma, y la inmortalidad, como una afirmación irreal e indeterminada. La religión destruye todo lo real (la vida, la naturaleza, la historia) y, en su lugar, presenta lo irreal (la inmortalidad): “… sobre las ruinas del mundo destruido, planta el individuo la bandera del profeta, la sagrada estafa de la creencia en su inmortalidad y en el loado más allá. Sobre las ruinas de la vida presente, al no ver nada, se le despierta el sentimiento de su propia nada interior, y en el sentimiento de esa doble nada le fluyen … las compasivas perlas de lágrimas y las pompas de jabón del mundo futuro”[16]. La inmortalidad, pues, es una farsa. El hombre muere, y muere completamente. Según Feuerbach, cuando el hombre sea capaz de aceptar su finitud, empezará a vivir su vida de una manera plena y consciente, sin fantasías ni engaños. A la falacia cristiana de la muerte del cuerpo y la inmortalidad del alma, Feuerbach responde: “No existe ninguna media muerte, ninguna muerte partida ni de sentido equívoco; en la naturaleza es todo verdad, entero, impartido, completo; en la naturaleza no hay sentidos dudosos … sólo hay una clase de muerte, que es la muerte completa; la muerte no roe una parte del hombre y deja otra parte”[17]. La negación de la inmortalidad del alma supone una afirmación de la única vida que existe: la de aquí y ahora: “la supresión de una vida mejor en el cielo incluye en sí la exigencia de mejorar la vida en la tierra”[18]. ¿Existe el espíritu? Sí, el espíritu existe, pero sólo en vida. Según Feuerbach, morimos porque somos seres libres, pensantes y conscientes. La vida, y no la muerte, es la que nos muestra el espíritu del hombre. Feuerbach ridiculiza a aquéllos que creen alcanzar el espíritu solamente a través de la muerte: “Los necios presumen ilusamente que sólo después de la muerte y por ella llegarán al espíritu; que la vida espiritual sólo puede producirse tras la muerte”[19].

De un modo parecido al genial Epicuro, Feuerbach sostiene que la muerte y el hombre nunca se encuentran. La filosofía de Epicuro (lo poco que sabemos de ella, puesto que de las 300 obras que Epicuro escribió, desgraciadamente, sólo se ha conservado una parte minúscula[20]) está destinada a ahuyentar los terribles miedos del hombre (la muerte y los dioses) y a procurar una vida placentera y equilibrada. Según Epicuro, no hay que temerle a la muerte, puesto que la muerte no es nada para el hombre, ya que cuando existimos, la muerte no existe, y cuando morimos, ya no existimos: “la muerte nada es para nosotros. Porque todo bien y mal reside en la sensación, y la muerte es privación del sentir (…) Nada hay, pues, temible en el vivir para quien ha comprendido rectamente que nada temible hay en el no vivir (…) Así que el más espantoso de los males, la muerte, nada es para nosotros, puesto que mientras nosotros somos, la muerte no está presente, y, cuando la muerte se presenta, entonces no existimos. Conque ni afecta a los vivos ni a los muertos, porque para éstos no existe y los otros no existen ya”[21]. Feuerbach recoge esta idea y afirma que la existencia de la muerte excluye la existencia del hombre: cuando la muerte llega, nosotros ya no existimos, así que la muerte no existe realmente para nosotros. El sentimiento terrible de la muerte existe sólo para los vivos, pero no para los muertos: “Sólo antes de la muerte, pero no en la muerte, es la muerte muerte y dolorosa … la muerte es un ser espectral … sólo es cuando no es, y … sólo no es cuando es”[22]. La muerte, la finitud, no puede ser sentida por el hombre, puesto que cuando el hombre muere pierde toda su sensación. El hombre tiene seguridad de su existencia sólo en su sensación, y sólo es real aquello que el hombre puede sentir. La muerte, pues, nada es para el hombre, puesto que el hombre existe y es sólo mientras siente. La muerte es sólo terrible cuando se imagina, cuando la muerte no es aún muerte. El horrible y angustiante pensamiento de la muerte sólo existe para el hombre que vive, no para el hombre muerto. ¿Existe, pues, la muerte? No, la muerte no existe para el hombre que muere; sólo existe para los demás. La muerte es una destrucción que se autodestruye a sí misma, es, al igual que la inmortalidad, pura apariencia. Feuerbach propone acabar con el conflicto entre esta vida y la vida eterna. La humanidad debe concentrarse sólo en ella misma. Concentrarse sobre el mundo real producirá nuevos grandes hombres y nuevas grandes acciones. La humanidad, según Feuerbach, no necesita hombres inmortales, sino hombres sanos de cuerpo y espíritu, porque la sanidad de cuerpo y espíritu es más valiosa que la inmortalidad.

A propósito de la inmortalidad, nunca me canso de citar estas brillantes palabras de Savater: “¿Cómo vivir del mejor modo posible? Esta pregunta me resulta mucho más sustanciosa que otras … más tremendas: ‘¿Tiene sentido la vida? ¿Merece la pena vivir? ¿Hay vida después de la muerte?’ Mira, la vida tiene sentido y tiene sentido único; va hacia delante (…) no se repiten las jugadas ni suelen poder corregirse. Por eso hay que reflexionar sobre lo que uno quiere y fijarse en lo que hace. Después … guardar siempre el ánimo ante los fallos. ¿El sentido de la vida? Primero, procurar no fallar; luego, procurar fallar sin desfallecer (…) Lo que me interesa no es si hay vida ‘después’ de la muerte, sino que haya vida ‘antes’. Y que esa vida sea buena, no simple supervivencia o miedo constante a morir”[23]. Sin inmortalidad, pues, tenemos que intentar hacer de esta vida, la nuestra, la única que tenemos, la mejor vida posible, porque, siguiendo a Feuerbach, no hay otra. Aunque Gedanken über Tod und Unsterblichkeit fue publicado anónimamente, pronto se supo que la autoría era de Feuerbach. El libro le valió a Feuerbach la condena del sector académico y no pudo volver a dar clases[24].

En Das Wesen des Christentums, su obra más famosa (considerada como la obra más importante del humanismo ateo[25]), Feuerbach analiza las esencias del hombre y de la religión. Su lenguaje, aunque muy “a la alemana”, no es aburrido como el de Kant (que me perdonen los fervientes kantianos), sino que se va aproximando a las delicatessen nietzscheanas. Según Feuerbach, la diferencia entre el hombre y el animal es la conciencia, o lo que es lo mismo, la religión. El hombre es el único ser que es consciente de sí mismo como ser humano y como especie, y el único que entabla un diálogo consigo mismo y con la humanidad. La esencia del hombre es aquello que “constituye en el hombre el género de la humanidad propiamente dicha”[26]. La esencia del hombre es la humanidad. Esta esencia está formada por la razón, el amor y la voluntad: “Razón, amor y voluntad … constituyen la esencia absoluta del hombre en cuanto hombre y el fin de su existencia (…) El verdadero ser es el que piensa, ama, quiere”[27]. Como la conciencia es “alegría de la propia perfección … propiedad característica de un ser perfecto”[28], el hombre necesita una figura más elevada que el hombre, y por eso crea a Dios: “Todo ser … tiene su Dios, su esencia más alta, en sí mismo”[29]. Dios se encuentra en el sentimiento humano. Dios no es un objeto exterior al hombre como cree la religión cristiana, sino que se halla en el interior del hombre. La religión es puramente un sentimiento del hombre. La esencia de la religión es la esencia del hombre: “El ser absoluto, el Dios del hombre, es su propia esencia”[30]. El secreto de la teología es, pues, la antropología. Dios es puramente una proyección de los atributos humanos:the superhuman deities of religion are … involuntary projections of the essential attributes of human nature, and this projection … is explained by a theory of human consciousness (…) What is worshiped as divine is really a synthesis of the human perfections (…) divine is, in reality, profoundly human[31]. Feuerbach apostará por la divinidad del hombre y no por la divinidad de Dios. La pregunta ¿Dios existe? no tiene sentido alguno, puesto que la esencia de la religión es sólo el sentimiento humano. Dios, pues, es tan sólo un sentimiento, y sólo existe como sentimiento, pensamiento e imaginación. El objeto y el contenido de la religión son puramente humanos, y Dios es solamente un reflejo del hombre: “Tal como el hombre piensa y siente, así es su Dios (…) Conoces el hombre por su Dios, y viceversa, conoces su Dios por el hombre; los dos son una misma cosa”[32]. Feuerbach reduce, como se había propuesto, la teología a la antropología, y afirma que “la contradicción entre lo divino y lo humano es ilusoria”[33]. El cristianismo (al igual que el judaísmo un poco antes y que el islam un poco después) ha hecho de Dios un ser ilimitado y sin determinaciones; esto, según Feuerbach, es una paradoja: “Negar las determinaciones es … negar el ser mismo. Un ser sin determinaciones es un ser sin objetividad, y algo sin objetividad es una nada de ser (…) Quien teme ser finito, teme existir”[34]. Das Wesen des Christentums consta de 2 partes, cuyos títulos describen perfectamente su contenido. La primera parte se titulaDas Wahre, d.i. anthropologische Wesen der Religion” (“La verdadera, es decir, antropológica, esencia de la religión”); la segunda se titulaDas unwahre, d. i. theologische Wesen der Religion(“La falsa, es decir, teológica, esencia de la religión”). Como muy bien apunta Cabada, la crítica esencial de Feuerbach “consistirá en ver la religión como un producto que emerge espontáneamente de la mente y del corazón del hombre”[35]. En el Prólogo a la segunda edición (1843), Feuerbach se defiende contra los ataques recibidos de su “explosivo” libro, a la vez que hace una crítica magistral a la hipocresía de la época: “No me sorprendieron los juicios necios y pérfidos que se han manifestado sobre este libro desde la aparición de su primera edición: no esperaba otros, y no podía razonablemente esperarlos. Este libro me ha [enemistado] con Dios y con el mundo (…) La apariencia es la esencia de esta época: apariencia nuestra política, apariencia nuestra religión, apariencia nuestra ciencia. Hoy, quien dice la verdad es un impertinente, un ‘maleducado’, y quien es ‘maleducado’ es inmoral. La verdad en nuestro tiempo es la inmoralidad”[36]. George Eliot[37] realizó la traducción inglesa de Das Wesen des Christenthums en 1854 y omitió algunos pasajes del Prefacio a la segunda edición.

En Das Wesen der Religion, Feuerbach sitúa la fe en las antípodas de la realidad. Creer en la inmortalidad es imaginarse que existe lo que no existe. La realidad nos demuestra que el hombre es mortal, pero la fe hace creer al hombre algo falso y hace de la inmortalidad el objeto de la religión. Dios es el fruto del deseo humano, el fruto de la imaginación humana: “Dios mismo no es otra cosa que la esencia de la fantasía o de la imaginación del hombre, la esencia del corazón humano”[38]. El hombre crea sus dioses de acuerdo con sus deseos. Freud recogerá este concepto en su brillante análisis de la religión como neurosis colectiva (Die Zukunft einer Illusion, 1927, y Das Unbehagen in der Kultur, 1930). Dios es, pues, para Feuerbach, un reflejo de los deseos del hombre: “Como los deseos de los hombres, así son sus dioses”[39]. Según Feuerbach, si el hombre consiguiera realizar sus deseos, no tendría ninguna necesidad de creer en Dios: el hombre sería dueño de lo que anhela y se convertiría en Dios: “Si el hombre fuera capaz de lo que quiere, nunca más creería en Dios, por la sencilla razón de que sería él mismo Dios y la realidad no es objeto de la fe”[40].

Según Feuerbach, la religión y Dios deben dar paso al amor. El amor es más elevado que Dios: “El amor supera a Dios (…) si no sacrificamos Dios al amor, sacrificamos el amor a Dios, y entonces tenemos … a la esencia malvada del fanatismo religioso”[41]. El amor, y no Dios, es el verdadero sentimiento de la infinitud. La ética y el hombre deben ser más elevados que la religión. Para Feuerbach, la verdadera religión del hombre es y debe ser la ética. Ladies & gentlemen: ¿Quién dijo que los ateos somos amorales?

En Das Wesen des Glaubens im Sinne Luthers, Feuerbach denuncia la denigración que sufre el hombre en el cristianismo, concretamente en el luteranismo. Lo que se le atribuye a Dios, se le niega al hombre. Lo que al hombre le falta, lo posee Dios. Feuerbach se propone alzar al hombre y escribe explosivamente: “La nulidad del hombre es el presupuesto de la esencialidad de Dios; afirmar a Dios significa negar al hombre, honrar a Dios, despreciar al hombre, alabar a Dios, denostar al hombre. La majestad de Dios se funda únicamente en la bajeza del hombre; la bienaventuranza divina, en la miseria humana; la sabiduría divina, solamente en la humana necedad; el poder divino, en la humana debilidad”[42].

En Merkwürdige ÄuBerungen Luthers nebst Glossen, Feuerbach hace una crítica magistral al horror luterano. El ensayo acaba con las punzantes palabras: “¡Qué doctrina más atroz, que para curar un dolor agudo, lo transforma en crónico; que, para procurarnos en los últimos momentos de la vida un consuelo contra la muerte, nos mantiene durante toda la vida en el terror y el espanto ante la muerte!”[43].

Feuerbach fue activo y comprometido, no un filósofo que se dedicó sólo a pensar, como insinuó Marx en sus Tesis sobre Feuerbach[44] (Marx critica la falta de acción de los filósofos en su famosa Tesis XI: “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo[45]). Feuerbach fue miembro del partido Socialdemócrata de Alemania (SPD) y fue también periodista. En sus Tesis sobre Feuerbach, Marx afirma que tanto el hombre como la religión son productos sociales, punto crucial, según él, que Feuerbach parece ignorar: “Feuerbach no ve … que el ‘sentimiento religioso’ es también un producto social y que el individuo abstracto que él analiza pertenece, en realidad, a una determinada forma de sociedad”[46].

Feuerbach habla de Dios y la religión bajo la perspectiva del antropólogo. Aunque deje entrever que la muerte de Dios es requisito fundamental para que el hombre recupere su dignidad (“sólo cuando la tierra se desdiviniza ascienden los dioses al cielo y de entes verdaderos pasan a ser entes sólo representados; sólo una vez que los hombres cuenten con sitio y espacio para sí mismos podrán manifestarse y hacerse valer como tales hombres”[47]), su mensaje no es violento ni insultante ni demasiado provocador. Como muy bien ha apuntado Arroyo, el ateísmo de Feuerbach “no es una simple negación de Dios, sino la pretensión de ser una defensa apasionada del hombre”[48]. La obra de Feuerbach, elegante minuciosa y erudita, abrirá las puertas a ateísmos más fuertes y radicales: el de Marx (un ateísmo brillante y despreciativo), el de Nietzsche (un ateísmo explosivo y demoledor) y el de Freud (un ateísmo elegante y magnífico), para dar paso a los ateísmos espléndidos de Russell, Sartre, Camus y Onfray (por citar algunos de mis preferidos).

Siguiendo a Feuerbach, yo me pregunto: ¿hasta cuándo se denigrará al hombre y se desvalorizará la vida, esta vida, la que vivimos, la vida de cada cual, como repetía Ortega, con promesas de una ilusoria inmortalidad? Cuando las religiones puedan reducirse a tradición, a legado cultural, y devengan un problema tan sólo privado (como muy bien apunta el gruñón Onfray en su genial Traité d’athéologie), la Humanidad habrá hecho un paso gigantesco. Lo primordial es la ética, la paz, la empatía, el valor de la vida, la dignidad y la libertad. Lo primordial, como dijo Feuerbach, es que el hombre sea libre y sano de pensamiento: “Demos al hombre lo que es del hombre; no se trata de si somos cristianos o paganos, teístas o ateos, sino de que seamos o nos hagamos hombres sanos de cuerpo y alma, libres, activos y vigorosos”[49].

yael-antonia-1-B-N Antonia Tejeda Barros, Madrid, 7 de julio de 2012 & 21 de diciembre de 2014

1a versión publicada en el Blog de Antonia Tejeda el 7 de julio de 2012

BIBLIOGRAFÍA

Arvon, Henri, Feuerbach. Sa vie, son oeuvre avec un exposé de sa philosophie, Paris, PUF, 1964, pp. 1–114

Cabada, “La autorrealización o liberación humana como crítica de la religión en Feuerbach” en Filosofía de la religión. Estudios y textos, Fraijó, Manuel, ed., Madrid, Editorial Trotta, 2010 (1994), pp. 291 – 316

Feuerbach, Ludwig, Gesammelte Werke (GW), ed. de Schuffenhauer, Band 1, Frühe Schriften, Kritiken und Reflexionen (1828-1834), Berlin, Akademie-Verlag, 1981, pp. vii–639

Feuerbach, Ludwig, Sämtliche Werke (SW), ed. de Bolin & Jodl, Stuttgart Cannstatt, 1959 (Traducción al español de Manuel Cabada)

Feuerbach, Ludwig, “La esencia de la Fe según Lutero. Una contribución a La esencia del cristianismo” & “Afirmaciones notables de Lutero con glosas”, en Escritos en torno a La esencia del cristianismo (Trad. Luis Miguel Arroyo), Madrid, Ed. Tecnos, 2007 (1993), pp. 3–98

Feuerbach, Ludwig, Das Wesen der Christentums, UK, Tredition Classics, 2006, pp. 5–415

Feuerbach, Ludwig, La esencia del cristianismo (Trad. José L. Iglesias), Madrid, Ed. Trotta, 2013 (1995), pp. 7–398

Feuerbach, Ludwig, Das Wesen der Religion, Ulan Press (facsimile de la 2ª edición de 1849), pp. 1–78

Feuerbach, Ludwig, La esencia de la religión (Trad. Tomás Cuadrado), Madrid, Editorial Páginas de Espuma, 2008 (2005), pp. 9–107

Feuerbach, Ludwig, Pensamientos sobre muerte e inmortalidad (Trad. José Luis García Rúa), Madrid, Alianza Editorial, 1993, pp. 7–263

Harvey, Van Austin, Feuerbach and the interpretation of religion, UK, Cambridge University Press, 2007 (1995), pp. vii–319

Laercio, Diógenes, Vidas de los filósofos ilustres (Trad. Carlos García Gual), Madrid, Alianza Editorial, 2008, pp. 7–607

Marx, Karl, Tesis sobre Feuerbach, en Marx & Engels, Obras escogidas II (Edición del PCUS, 1955), Madrid, Akal, 1975 (pp. 426–428)

Ricœur, Paul, De l’interprétation. Essai sur Sigmund Freud, Paris, Éditions du Seuil, 1995 (1965), pp. 7–575

Savater, Fernando, Ética para Amador, Barcelona, Ed. Ariel, 1991, pp. 9–141

NOTAS

[1] En De l’interprétation. Essai sur Sigmund Freud, Ricœur llama a Marx, Nietzsche y Freud “les maîtres du soupçon“. Los tres consideran la conciencia como ‘falsa’: “… l’école du soupçon … Trois maîtres en apparence exclusifs l’un de l’autre la dominent, Marx, Nietzsche et Freud“, De l’interprétation. Essai sur Sigmund Freud, p. 42. Harvey aclara: “The hermeneutics of suspicion … assumes that there is no religious object and that the religious consciousness is bewitched by an illusion“, Feuerbach and the interpretation of religion, p. 1

[2] Feuerbach a menudo se considera “solamente” el precursor de los maîtres du soupçon, pero fue mucho más que eso. Su teoría de la religión es un todo en ella misma: “Feuerbach is seen primarily as a precursor to the true ‘masters of suspicion’ in religious studies: Nietzsche, Marx, and Freud (…) Feuerbach’s philosophical development led him to a much more complex and interesting theory of religion“, Harvey, Feuerbach and the interpretation of religion, p. i

[3] (“La religión … es el opio del pueblo”). La cita es parte de Zur Kritik der Hegelschen Rechtsphilosophie y se publicó en 1844 en el Deutsch-Französische Jahrbücher. El párrafo donde se halla la cita dice: Das religiöse Elend ist in einem der Ausdruck des wirklichen Elendes und in einem die Protestation gegen das wirkliche Elend. Die Religion ist der Seufzer der bedrängten Kreatur, das Gemüth einer herzlosen Welt, wie sie der Geist geistloser Zustände ist. Sie ist das Opium des Volks(“La miseria religiosa es a la vez la expresión de la miseria real y la protesta contra la miseria real. La religión es el suspiro de la criatura oprimida, el sentimiento de un mundo sin corazón, así como el espíritu de una situación sin alma. Es el opio del pueblo”)

[4] Su tesis De ratione una, universali, infinita (1928) y Gedanken über Tod und Unsterblichkeit (1930)

[5] Arvon, Feuerbach, p. 4

[6] c. 570–c. 475

[7]Feuerbach was the first to employ the concept [of projection] as the basis for a systematic critique of religion“, Harvey, Feuerbach and the interpretation of religion, p. 4

[8] Feuerbach, Sämtliche Werke, IV, 417 (traducción al español de Manuel Cabada)

[9] Ibid., XII, 243

[10] Ibid., II, 388

[11] Ibid., VIII, 28 s

[12] Feuerbach, Sämtliche Werke, 1959, VII, 312

[13] La obra fue un verdadero boom: “The book was a tour de force, it burst like a bombshell on the German intellectual scene“, Harvey, Feuerbach and the interpretation of religion, p. 25. Hubo tres reediciones en vida de Feuerbach (1843, 1848 y 1849 -esta última como parte de sus Sämtliche Werke-). Das Wesen des Christentums influyó enormemente en la teoría de alienación de Marx

[14] Reedición de 1959–64

[15] Diferentes tomos se han reeditado en diferentes años. De los que he podido encontrar, las reediciones son de 1969, 1970, 1981, 1982, 1984, 1985, 1989, 1990, 1996, 1999, 2000, 2001, 2004, 2006 y 2014

[16] Feuerbach, Pensamientos sobre muerte e inmortalidad, p. 70. Cita original más extensa: “Indem nun so alles wahrhaft Wirkliche, Allgemeine, Wesenhafte, aller Geist, Seele und Essenz aus dem wirklichen Leben, der Natur und Welt-geschichte, verschwunden ist, alles massakriert, in seine Teile aufgelöst, zertrennt, sein-, einheits-, geist-, seelenlos gemacht ist, so pflanzt nun das Individuum auf den Trümmern der zerstörten Welt die Fahne des Phopheten auf, das heilige Schandsacscherif des Glaubens an seine Unsterblichkeit und das gelobte Jenseits. Auf den Ruinen des gegenwärtigen Lebens, in dem es nichts sieht, erwacht ihm zugleich das Gefühl und Bewußtsein seines eignen, innerlichen Nichts, und in dem Gefühl diesen zweifachen Nichts entquillt ihm … die barmherzige Tränenperle und Seifenblase der zukünftigen Welt”, Gedanken über Tod und Unsterblichkeit, GW Band 1, Seiten 195, 196

[17] Ibid., p. 81.Es gibt keinen halben, keinen zwiespältigen und zweideutigen Tod; in der Natur ist alles wahr, ganz, ungeteilt, vollständig; die Natur ist nicht zwiespältig … es gibt nur einen Tod, der ganzer Tod ist, nicht etwas am Menschen abnagt, etwas übrigläßt”, Gedanken über Tod und Unsterblichkeit, GW Band 1, S. 207

[18] Feuerbach, SW, VIII, 358

[19] Feuerbach, Pensamientos sobre muerte e inmortalidad, p. 192.Die Toren wähnen, daß sie erst nach dem Tode und durch ihn in den Geist kämen, daß geistiges Leben erst nach dem Tode entstände“, GW, Band 1, S. 325

[20] Sus famosas tres cartas (la Carta a Heródoto, la Carta a Pítocles -que tal vez no fue escrita por Epicuro, sino por uno o varios discípulos suyos- y la Carta a Meneceo), sus Máximas capitales (40 aforismos), las Sentencias Vaticanas –Gnomologium Vaticanum– (81 aforismos descubiertos en 1888 en un manuscrito del siglo XIV) y algunos fragmentos

[21] Epicuro, Carta a Meneceo, en Vida de los filósofos ilustres de Diógenes Laercio, Libro X, 124, 125, pp. 560, 561

[22] Feuerbach, Pensamientos sobre muerte e inmortalidad, p. 229. “Nur vor dem Tode, aber nicht im Tode ist der Tod Tod und schmerzlich; der Tod ist so ein gespentisches Wesen, daß er nur ist, wenn er nicht ist, und daß er nicht ist, wenn er ist”, Gedanken über Tod und Unsterblichkeit, GW Band 1, p. 394

[23] Savater, Ética para Amador, pp. 126, 127

[24] Feuerbach había sido privat-dozent de la Universidad de Erlangen de 1829 a 1832. Erlangen contaba en 1830 con tan sólo 9.800 habitantes, y el anonimato de Gedanken über Tod und Unsterblichkeit acabó descubriéndose

[25] Arvon, Feuerbach

[26] Feuerbach, La esencia del cristianismo, p. 54. “Aber was ist denn das Wesen des Menschen, dessen er sich bewußt ist, oder was macht die Gattung, die eigentliche Menschheit im Menschen aus?, Das Wesen des Christentums, S. 32

[27] Feuerbach, La esencia del cristianismo, p. 55. “Vernunft, Liebe, Willenskraft … sind das absolute Wesen des Menschen als Menschen, und der Zweck seines Daseins (…) Wahres Wesen ist denkendes, liebendes, wollendes Wesen”, Das Wesen des Christentums, Seiten 32, 33

[28] Feuerbach, La esencia del cristianismo, p. 58. “Bewußtsein ist … Freude an der eignen Vollkommenheit. Bewußtsein ist das charakteristische Kennzeichen eines vollkommenen Wesens“, Das Wesen des Christentums, S. 36

[29] Feuerbach, La esencia del cristianismo, p. 59. “Jedes Wesen … hat seinen Gott, sein höchstes Wesen in sich selbst”, Das Wesen des Christentums, S. 38

[30] Feuerbach, La esencia del cristianismo, p. 57. “Das absolute Wesen, der Gott des Menschen ist sein eignes Wesen”, Das Wesen des Christentums, S. 35

[31] Harvey, Feuerbach and the interpretation of religion, pp. 25, 29

[32] Feuerbach, La esencia del cristianismo, p. 65. “Wie der Mensch denkt, wie er gesinnt ist, so ist sein Gott (…) Aus seinem Gotte erkennst du den Menschen, und wiederum aus dem Menschen seinen Gott; beides ist eins“, Das Wesen des Christentums, S. 43

[33] Feuerbach, La esencia del cristianismo, p. 66. “Und unsre Aufgabe ist es eben, nachzeweisen, daß der Gegensatz des Göttlichen uns Menschlichen ein illusorischer”, Das Wesen des Christentums, S. 44, 45

[34] Feuerbach, La esencia del cristianismo, pp. 66, 67. “Alle Bestimmungen aufheben, ist soviel als das Wesen selbst aufheben. Ein bestimmungsloses Wesen ist ein ungegenständliches Wesen, ein ungegenständliches ein nichtiges Wesen (…) Wer sich scheut, endlich ze sein, scheut sich zu existieren”, Das Wesen des Christentums, Seiten 45, 46

[35] Cabada, “La autorrealización o liberación humana como crítica de la religión en Feuerbach” en Filosofía de la religión, p. 293

[36] Feuerbach, La esencia del cristianismo, pp. 35, 36. “Die albernen und perfiden Urteile, welche über diese Schrift seit ihrer Erscheinung in der ersten Auflage gefällt wurden, haben mich keineswehes befremdet, denn ich erwartete keine anderen und konnte auch rechtlicher- und vernünftigerweise keine anderen erwarten. Ich habe es durch diese Schrift mi Gott und Welt verdorben (…) Schein ist das Wesen der Zeit –Schein unsre Politik, Schein unsre Sittlichkeit, Schein unsre Religion, Schein unsre Wissenschaft. Wer jetzt die Wahrheit sagt, der ist impertinent, ‘ungesittet’, wer ‘ungesittet’, unsittlich. Wahrheit ist unsrer Zeit Unsittlichkeit”, Das Wesen des Christentums, S. 11, 12

[37] Seudónimo de Mary Ann Evans (1819–1880), novelista y traductora británica

[38] Feuerbach, La esencia de la religión, p. 104. “[Gott] ist selbst nichts andres das Wesen der Phantasie oder Sinnbildungsfrage, das Wesen des menschlichen Herzens” (Das Wesen der Religion, S. 75)

[39] Feuerbach, La esencia de la religión, p. 104. “Wie die Wünsche der Menschen, so sind ihre Götter”, Das Wesen der Religion, S. 75

[40] Feuerbach, Sämtliche Werke, 1959, IX, 49

[41] Feuerbach, Sämtliche Werke, 1959, VI, 65 s

[42] Feuerbach, “La esencia de la Fe según Lutero. Una contribución a La esencia del cristianismo“, en Escritos en torno a La esencia del cristianismo, p. 5

[43] Feuerbach, “Afirmaciones notables de Lutero con glosas”, en Escritos en torno a La esencia del cristianismo, p. 119

[44] Apuntes escritos en 1845 y publicados póstumamente en 1888 por Engels

[45] Marx, Tesis sobre Feuerbach (Tesis XI), p. 428. “Die Philosophen haben die Welt nur verschieden interpretirt; es kommt aber darauf an, sie zu verändern”

[46] Marx, Tesis sobre Feuerbach, (Tesis VII), p. 428. “Feuerbach sieht … nicht, daß das ‘religiöse Gemüth’ selbst ein gesellschaftliches Produkt ist, und dass das abstrakte Individuum, das er analysirt, in Wirklichkeit einer bestimmten Gesellschaftsform angehört”

[47] Feuerbach, La esencia de la religión, p. 70. “erst wo die Erde sich entgöttert, die Götter in den Himmel emporsteigen, aus wirklichen Wesen zu nur vorgestellten Wesen werden, erst da haben die Menschen Platz und Raum für sich, erst da können sie ungeniert als Menschen sich zeigen und geltend machen“, Das Wesen der Religion, S. 45

[48] Arroyo, Presentación de Feuerbach en Escritos en torno a La esencia del cristianismo

[49] Feuerbach, Sämtliche Werke, 1959, II, 410 s

PARA LEER EN PDF (pp. 11–23): HCH-2-REVISTA-ENERO-2015