El cuento del amor platónico

HCH-2-BAUDELAIRE-PARIS-EYAL-STREETT HCH 4 / Mayo 2015

El cuento del amor platónico, por Víctor Bermúdez Torres

Decía Oscar Wilde que cuando los dioses quieren castigar a los hombres, les conceden lo que desean. Siempre deseamos lo que no tenemos… Y cuando lo tenemos, ¡qué decepción!… Volvemos a desear otra cosa, ir aún más lejos, siempre, infinitamente, porque, como lloraba el poeta Luis Cernuda, el deseo es “una hoja cuya rama no existe (…), una pregunta cuya respuesta nadie sabe”. Somos el animal insatisfecho, siempre queremos más, porque estamos hechos de barro, pero también de esa sutil materia de los sueños. “Neti, neti”, replicaban los sabios brahamanes a cada respuesta o acción de sus discípulos, “no es eso, no es eso”. Nunca es exactamente eso lo que de verdad buscamos…

¿Qué nos hace tan disconformes? Sea lo que sea, es eso lo que nos mueve, lo que nos empuja a crecer. El movimiento es el modo de ser de los que aún no somos, de los que aún no somos todo lo que realmente hemos de ser. Pero: ¿A qué este anhelo de ser más, de ser otro (y lo mismo) mejor, de buscar, de querer comernos el mundo?

Buscar la perfección es, antes que nada, saber qué nos falta. Eso es fácil (basta mirarse en el reflejo de la conciencia un par de segundos), pero también es imposible: ¿cómo nosotros, barro inmundo, burbuja tan frágil, vamos a tener idea de esa perfección que sabemos no tener, y que por ello deseamos desde nuestro más improbable principio?…

Cuando una pregunta no tiene respuesta (o un deseo no tiene cura) lo mejor, siempre, es contar un cuento. Como este.

Cuenta el filósofo Platón que en un banquete de cuento, que celebraron unos nobles amigos en honor de uno de ellos (el más cuentista, pues era poeta), decidieron invertir la gracia y la luz del vino trasegado en hablar del amor. Y cuando fue el turno de Sócrates, éste contó lo que una sabia mujer, Diotima, le contó una vez acerca de lo que contaban del nacimiento de Eros, el dios del Amor. Cuenta este cuento de cuentos, que en un olímpico banquete, en que los dioses celebraban el nacimiento de Afrodita, diosa de la belleza (esa brillante faz con que espejean, aquí abajo, los celestes sueños), salió a tomar el éter, borracho de néctar, Poros, el dios de los recursos, y encontrose allí, en los jardines del palacio de Zeus, a la pobre Penia, diosa de la carestía que, olvidada por todos, vagabundeaba entre los restos del divino festín. Y he aquí que Penia, pobre pero no tonta, se aprovechó de la inconsciencia de Poros y solazándose con él concibió ese día un hijo, al que, por su naturaleza, pusieron de nombre Eros o Amor.

Esto es amor, dice Platón. El hijo de lo Mucho y de lo Poco, de la borrachera del Dios que Todo lo consigue y la mísera inteligencia de la Diosa que Nada tiene, de lo Perfecto olvidado de sí mismo, y de la Imperfección consciente de sí. Este hijo, el Amor, heredó por su divino origen el sueño de lo Uno y lo Completo, y, por parte de madre, la triste, pero no menos divina, rémora de lo Partido y lo Cojo. Y desde entonces Eros, hecho cuerpo, renquea y brinca por la Tierra atento a cada bella (y afrodisíaca) llamada del Cielo. Y es este Amor, en la forma de la flecha que nos excita y tensa por dentro, el Alma que a los hombres nos habita, animándonos a hacer Uno lo que dolorosamente nos parece Dos, apuntando con bizco y tembloroso esfuerzo de arquero a lo que paternalmente nos llama, desde la caverna o valle qué vacío habitamos a la vertical llanura de los sueños. Deseo, alma vagabunda, sueño inasible de belleza, sombra del Sol que sostiene las espaldas del cielo, solo eso, desde que Platón lo dijo, con luminosa y parecida borrachera a la del dios padre, y la inteligente mentira de las palabras con que la madre Penia lo sedujo, es el Amor. Eso somos tú y yo. Y, por eso, ni tú ni yo. Quien lo pensó, lo sabe.

HCH-VICTOR-FOTO-GOOD Víctor Bermúdez Torres, Mérida, abril de 2015

Primera versión publicada el 26 de septiembre de 2013 en Filosofía para cavernícolas

Chica pintando corazones en el cielo del muro (Berlín, 2014)

Chica pintando corazones en el cielo del muro de Berlín / Víctor Bermúdez Torres, Berlín, 2014

Pintadas en el Muro de Berlín (2014)

Pintadas en el muro de Berlín / Víctor Bermúdez Torres, Berlín, 2014

PARA LEER EN PDF (pp. 3–6): HCH-4-MAYO-2015

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