Libertad, circunstancia, situación y elección en Ortega y Sartre. Encuentros y desencuentros entre la razón vital orteguiana y el existencialismo sartreano (Parte II)

 HCH 6 / Septiembre 2015

Libertad, circunstancia, situación y elección en Ortega y Sartre. Encuentros y desencuentros entre la razón vital orteguiana y el existencialismo sartreano (Parte II), por Antonia Tejeda Barros

Parte I (HCH 5 / Julio 2015)

I. Ortega y Sartre: dos hombres, dos vidas

II. ¿Es la filosofía de Ortega existencialista?

III. La vida como realidad radical

IV. L’existence précède l’essence

 

Parte II (HCH 6 / Septiembre 2015)

V. Libertad y circunstancia en Ortega

VI. Liberté et situation en Sartre

VII. Conclusión

Bibliografía

Documentales, conferencias, charlas y entrevistas

 

V. Libertad y circunstancia en Ortega

“Vida es, a la vez, fatalidad y libertad, es ser libre dentro de una fatalidad dada”, Ortega, ¿Qué es filosofía?, p. 227

“… el hombre se hace a sí mismo en vista de la circunstancia”, Ortega, Historia como sistema, p. 41

“Es … falso decir que en la vida “deciden las circunstancias”. Al contrario: las circunstancias son el dilema, siempre nuevo, ante el cual decidimos”, Ortega, La rebelión de las masas, p. 114

Para Ortega, la vida de cada cual se compone del yo de cada cual y del mundo que cada cual vive. El hombre es un ser que se fabrica a sí mismo (él mismo elige y decide lo que quiere ser) pero en una circunstancia que no escoge, sino que le es dada: “La vida se encuentra siempre en ciertas ‘circunstancias’, en una disposición en torno –circum– de las cosas y demás personas”[1]. El mundo no es una cosa abstracta, sino muy concreta: existe aquí y ahora: “Vivir es vivir aquí, ahora -el aquí y el ahora son rígidos, incanjeables, pero amplios (…) [La] circunstancia es algo determinado, cerrado, pero a la vez abierto y con … hueco … donde moverse, donde decidirse: la circunstancia es un cauce que la vida se va haciendo dentro de una cuenca inexorable”[2]. El hombre inventa “proyectos de hacer y de ser en vista de las circunstancias”[3]. La vida hay que hacerla; lo que nos encontramos “ya hecho” es la circunstancia.

¿Hasta dónde llega la libertad del hombre para Ortega? ¿La circunstancia nos hace libres o nos condiciona y nos aprisiona? La filosofía de Sartre es una filosofía de la libertad radical. Para Sartre, la circunstancia (que él llamará situation) sólo nos da más libertad: somos siempre libres, sea cual sea nuestra situación. Ortega, sin embargo, describe la circunstancia como “fatalidad”: la circunstancia nos limita; pero, aunque nos limite, en ningún caso decide por nosotros. El hombre tiene siempre que decidir ante las circunstancias que vive. La circunstancia no nos libra de ser libres. Una de las tesis de Ortega fue la importancia de salvar la circunstancia para salvarnos a nosotros mismos. Así pues, aunque la circunstancia nos sea dada y nos limite, le corresponde al hombre luchar por mejorar su circunstancia, por salvarla. La tarea de salvar mi circunstancia “esto es, mi familia, mi comunidad, mi país, mi mundo, es lo que se llama el regeneracionismo de Ortega”[4].

La vida de cada cual se compone, para Ortega, de decisión y de circunstancia: “La vida, que es, ante todo, lo que podemos ser … es también … decidir entre las posibilidades lo que en efecto vamos a ser. Circunstancia y decisión son los dos elementos radicales de que se compone la vida”[5]. La circunstancia, aunque nos aprisione, no nos deja del todo encadenados, puesto que tenemos continuamente que elegir para ir fabricando nuestra vida: “Nuestro mundo es la dimensión de fatalidad que integra nuestra vida. Pero esta fatalidad vital no se parece a la mecánica. No somos disparados sobre la existencia como la bala de un fusil, cuya trayectoria está absolutamente predeterminada. La fatalidad en que caemos al caer en este mundo … consiste en todo lo contrario. En vez de imponernos una trayectoria, nos impone varias, y, consecuentemente, nos fuerza … a elegir (…) Vivir es sentirse fatalmente forzado a ejercitar la libertad, a decidir lo que vamos a ser en este mundo”[6]. El hombre se encuentra, lo quiera o no, sumergido en el mundo, en la circunstancia que le ha tocado vivir, en un lugar y un tiempo determinados: “La vida … deja un margen de posibilidades dentro del mundo, pero no somos libres para estar o no en este mundo que es el de ahora”[7]. El hombre puede incluso elegir no seguir viviendo, pero no es libre de elegir el mundo en el que ha sido arrojado: “Cabe renunciar a la vida, pero si se vive no cabe elegir el mundo en que se vive. Esto da a nuestra existencia un gesto terriblemente dramático. Vivir no es entrar por gusto en un sitio previamente elegido … como se elige el teatro después de cenar -sino que es encontrarse de pronto, y sin saber cómo, caído, sumergido, proyectado en un mundo incanjeable, en este de ahora”[8].

Lo interesante es que cada uno percibe la circunstancia que le ha tocado vivir de modo diferente: “Vivimos en función de nuestro contorno, el cual, a su vez, depende de nuestra sensibilidad”[9]. Según Ortega, el mundo de la araña es diferente al mundo del tigre o al mundo del hombre. A su vez, el mundo es diferente para hombres de diferentes culturas y diferentes épocas: “No es el mismo ‘mundo’ del asiático que el de un griego socrático o el de un contemporáneo”[10].

La vida nos es dada (no podemos escoger no nacer) pero esta vida que es nuestra y sólo nuestra debemos resolverla nosotros: “la vida … nos es arrojada o somos arrojados a ella, pero … la vida, es un problema que necesitamos resolver nosotros”[11]. Nadie puede resolver por nosotros el problema de nuestra propia vida. La vida es siempre problema, no sólo cuando nos hallamos en situaciones especialmente difíciles (la muerte de un ser querido, una separación de pareja, una frustación, una tristeza), sino a cada momento. ¿Cuál es el problema al que se refiere Ortega? El problema de la libertad, de la elección, de la responsabilidad y de la autenticidad. El problema de la vida “no es nunca un problema resuelto, sino que, en todo instante, nos sentimos como forzados a elegir entre varias posibilidades”[12].

La vida, dice Ortega, es “esa paradójica realidad que consiste en decidir lo que vamos a ser”[13]. Según Muñoz, Ortega entiende la vida como “quehacer, como lucha y esfuerzo por ser uno mismo”[14]. Cada hombre debe vivir una vida auténtica, y devenir él mismo. El concepto de vocación es crucial en Ortega. La vocación es el esfuerzo por ser uno mismo. El hombre debe decidir lo que va a ser: “el hombre no sólo tiene que hacerse a sí mismo, sino que lo más grave que tiene que hacer es determinar lo que va a ser”[15]. Cada hombre decide lo que quiere ser: “Este programa vital es el yo de cada hombre, el cual ha elegido entre diversas posibilidades de ser, que en cada instante se abren ante él”[16]. Por un lado, el hombre debe aceptar las condiciones que la circunstancia le impone, y, por otro, “decidir qué es para él necesario y qué superfluo con arreglo al tipo de hombre que quiere ser, función de su proyecto o vocación que ha de inventarse … Entonces los esfuerzos para vivir se convierten en esfuerzos libremente asumidos y la vida en esfuerzo deportivo, ilusión, entusiasmo”[17]. Referente a la vocación orteguiana, a la tarea de no falsificar nuestra vida, Muñoz apunta que Schiller escribió: “siempre tiene razón quien permanece coherente consigo mismo”; Schelling escribió: “La ley suprema para el ser finito es: sé absoluto, idéntico contigo mismo”; y Simmel escribió: “Toda fundamentación metafísica o simplemente profundad de la ética sigue la fórmula: Hazte lo que eres”[18]. Lasaga escribe: “La vocación o yo de cada cual … es … acontecimiento en el curso de una vida. Es algo que el viviente tiene que hacer. El yo-vocación tiene la consistencia de un proyecto … es una especie de mandato que cada cual recibe en su interior”[19]. El proyecto vital de cada hombre es su auténtico ser. La vida, para Ortega, es destino, pero destino no en un sentido solamente de fatalidad (el ingrediente de fatalidad lo pone la circunstancia), sino también de libertad, puesto que cada uno es libre de realizar su propio yo, su propia vocación: “el yo de cada cual … consiste en ser … un acontecimiento que ni ha sido ni es, sino que será y tiene que ser: la consistencia del yo es … futurición, proyecto imaginario a realizar en circunstancia”[20]. Ortega escribe: “Nuestra voluntad es libre para realizar o no ese proyecto vital (…) La vida es constitutivamente un drama, porque es la lucha frenética con las cosas y aun con nuestro carácter por conseguir ser de hecho el que somos en proyecto”[21].

Según Ortega, la circunstancia “limita … la libertad de decisión que mueve nuestra vida y es, frente a nuestra libertad, … nuestro destino”[22]. Ortega compara esta fatalidad a una trampa. Sin embargo, no es una trampa que ahogue, sino una trampa que “deja un margen de decisión a la vida y permite siempre que de la situación impuesta, el destino, demos una solución elegante y nos forjemos una vida bella”[23]. La vida está formada, pues, por una parte de fatalidad y otra de libertad. Ortega compara la vida al arte del poeta, quien sacrifica su lirismo en aras de su rima: “todo querer es … un querer hacer lo mejor que en cada situación puede hacerse”[24]. El hombre no va encontrando cosas en su vida, sino “puras dificultades y puras facilidades para existir”[25]. La vida humana se define como “el drama que se dispara entre el yo que tiene que hacer su vida y la circunstancia que se mantiene ahí, en torno a él, parte de su misma vida, pero en absoluto predispuesta a facilitarle la tarea de vivir”[26]. El arte del hombre, pues, estriba en saber conducir su vida lo mejor posible dentro de la fatalidad de la circunstancia: “la belleza de la vida está … no en que el destino sea favorable o adverso … sino en la gentileza con que le salgamos al paso y labremos de su materia fatal una figura noble”[27]. Esta frase me recuerda a una bella frase de Aristóteles: “quien de verdad es bueno y sensato sobrelleva todos los golpes de fortuna con buena compostura y saca el mejor partido de lo que hay en cada momento”[28]. Aristóteles compara “lo que hay” (el mundo o circunstancia) con el material del que dispone el zapatero, el cual “fabrica el mejor calzado con la piel que se le da”[29].

El hombre se encuentra con la vida al encontrarse con él mismo. La vida es súbita, imprevista, impremeditada. Lo terrible de la vida es que es imposible prepararnos para ella antes de entrar en ella. Ortega compara la difícil y extraña situación de existir, de vivir, con la situación en la que se encontraría un hombre que, dormido, lo llevan a un teatro y lo colocan, de un empujón, delante del público; el hombre no entiende cómo ni por qué está en esa difícil situación y debe “resolver de algún modo aquella exposición ante el público, que él no ha buscado ni preparado ni previsto”[30]. El escenario de nuestra vida (es decir, el mundo en el que nos ha tocado vivir, la circunstancia) es concreto y determinado, pero no es fijo, puesto que el hombre puede y debe intentar mejorarlo, cambiarlo, salvarlo. La circunstancia no se elige, pero las propias acciones, sí: “En cada momento de mi vida se abren ante mí diversas posibilidades: puedo hacer esto o lo otro. Si hago esto seré A en el instante próximo; si hago lo otro, seré B. En este instante puede el lector dejar de leerme o seguir leyéndome. Y por escasa que sea la importancia de este ensayo, según que haga lo uno o lo otro, el lector será A o será B”[31]. Entre las posibilidades limitadas que la circunstancia ofrece, el hombre está forzado a elegir: “Entre esas posibilidades tengo que elegir. Por tanto, soy libre (…) soy por fuerza libre, lo soy quiera o no”[32]. Según Ortega, un mundo donde las posibilidades fueran ilimitadas, sería un mundo totalmente indeterminado, sin posibilidades concretas. La vida es una posibilidad limitada, pero abierta: “Para que haya decisión tiene que haber a la vez limitación y holgura, determinación relativa”[33]. Esta “determinación relativa” no debe confundirse por un determinismo, puesto que el determinismo niega la libertad, y la filosofía orteguiana es una filosofía donde la libertad juega un papel importantísimo. Según Ortega, “por muy determinista que sea el determinista, su vivir como tal es relativamente indeterminado y él se decidió en un cierto momento entre el determinismo y el indeterminismo”[34].

El hombre “no estrena la humanidad”[35]. El ser auténtico del hombre consiste, según Ortega, en “ser lo que no ha sido”[36]. Las experiencias del hombre se componen de las experiencias individuales pasadas y de las experiencias colectivas pasadas (antepasados, generaciones) que la sociedad actual transmite continuamente al hombre: “En esa ilimitación … de sus posibilidades, propia de quien no tiene naturaleza, sólo hay una línea fija, preestablecida y dada, que puede orientarnos, sólo hay un límite: el pasado (…) Se vive en vistas del pasado”[37]. Las herencias de los pueblos (el europeo vendría a ser un heredero del hombre griego) influyen y, de alguna manera, determinan, y son, para Ortega, una carga, un tesoro y una cadena.

Es conocida la distinción que hace Ortega entre ideas y creencias. Las ideas se piensan; las creencias están tan arraigadas en los hombres que apenas se piensan. Las creencias son, según Ortega, “el suelo de nuestra vida”[38]. El hombre, según Ortega, vive de las creencias: “Las creencias constituyen el estrato básico, el más profundo de la arquitectura de nuestra vida (…) tenemos estas o las otras ideas; pero nuestras creencias, más que tenerlas, las somos”[39]. El hombre orienta sus acciones en base a sus creencias. Según las creencias que tenga, el hombre preferirá una acción u otra. Según Ortega, los cambios de la humanidad se basan en los cambios de las creencias. Así pues, las creencias determinarían de alguna forma nuestras acciones, nuestra libertad. Nuestra vida se movería entre la libertad y la fatalidad: “Vida es … la libertad en la fatalidad y la fatalidad en la libertad”[40]. Por otro lado, Ortega muestra a veces una libertad ilimitada, y describe, al igual que Sartre, que incluso en las situaciones más extremas el hombre es capaz de elegir: “Cuando queremos describir una situación vital extrema en que la circunstancia parece no dejarnos salida ni … opción, decimos que ‘se está entre la espada y la pared’ (…) Y, sin embargo, es evidente que esta frase nos invita a elegir entre la espada y la pared”[41]. Ortega defiende aquí una libertad total: “De toda circunstancia, aun la extrema, cabe evasión. De lo que no cabe evasión es de tener que hacer algo y … de tener que hacer lo que … es más penoso: elegir, preferir”[42]. Puede decirse que este sentimiento penoso sería un sentimiento parecido a la angustia sartreana, que nace de la conciencia de la propia libertad.

 

VI. Liberté et situation en Sartre

“… l’homme est condamné à être libre”, Sartre, L’existentialisme est un humanisme, p. 39

“… nous sommes condamnés à être libres, Sartre, Cahiers pour une morale, p. 447

“Le seul être qui peut être dit libre, c’est l’être qui néantit son être (…) La liberté est précisément l’être qui se fait manque d’être”, Sartre, L’être et le néant, p. 613

Para Sartre, la libertad no es una propiedad contingente de la existencia, un añadido, sino el principio fundamental de la existencia humana: “la liberté est existence”[43]. La filosofía de Sartre es una filosofía de la libertad. La libertad vive en el corazón mismo de la realidad humana. Ser, para el hombre, es existir, y la existencia del hombre es libertad. La libertad sartreara está íntimamente ligada al concepto de elección. El hombre no puede escoger no ser libre. El hombre es necesariamente libre.

¿Qué significa la libertad para Sartre? El hombre, según Sartre, no es una cosa y sus acciones y sus pasiones no están determinados por una naturaleza, el sexo, la historia, la sociedad o el inconsciente. La libertad no es una propiedad del hombre, sino el ser del hombre. El hombre es libertad. El hombre, cuya existencia precede a la esencia, se produce a sí mismo. Sartre le da al hombre la libertad creadora que Descartes le había dado a Dios. El hombre es totalmente responsable de lo que es. Los conceptos de angoisse, nausée, mauvaise foi y situation están estrechamente ligados al concepto de libertad. El hombre, según Sartre, no es lo que puede, sino lo que quiere. Quien dice “no puedo hacer esto” debería decir “elijo no hacer esto”. Excusarse es un acto de mala fe: “nous n’avons ni derrière nous, ni devant nous … des justifications ou des excuses. Nous sommes seuls, sans excuses”[44]. El hombre, pues, es lo que escoge ser: “On c’est ce qu’on veut[45]. Ese deseo y esa decisión sólo son válidos a través de la acción, puesto que el hombre es el resultado de sus acciones. Para el existencialismo sartreano sólo existen el amor y la amistad que se manifiestan, el genio que se refleja en las obras de arte … fuera de lo producido, fuera de los actos, no hay nada, sólo excusas, sueños no realizados o esperanzas truncadas que no valen absolutamente nada: “Un homme s’engage dans sa vie, dessine sa figure, et en dehors de cette figure il n’y a rien”[46]. El hombre no es otra cosa que el resultado de sus actos. El hombre es lo que hace de sí mismo: el malo o el cobarde se hace malo o cobarde y el bueno o el héroe se hace bueno o héroe. Es más, el malo o cobarde tiene la libertad de dejar de ser malo o cobarde, y el bueno o héroe tiene la libertad de dejar de ser bueno o héroe: “Ce que dit l’existentialisme, c’est que le lâche se fait lâche, que le héros se fait héros; il y a toujours une possibilité pour le lâche de ne plus être lâche, et pour le héros de cesser d’être héros[47]. La mauvaise fois es la excusa, el actuar como si poseyéramos una naturaleza predeterminada, como si nuestra esencia precediera a nuestra existencia y no fuésemos libres ni responsables de nuestros propios actos: “L’homme de mauvaise foi, c’est celui qui, en s’inventer un déterminisme à sa mesure, en invoquant une essence- une détermination -sociale ou historique- nie sa prope liberté[48]. La mauvaise fois es, en realidad, un autoengaño: “la mauvaise fois … peut se définir, non comme un mensonge à autri, mais comme un mensonge à soi[49]. Por otro lado, los demás seres humanos juzgan mis acciones y, de alguna manera, me “crean”. La malinterpretada famosa frase de Sartre “L’enfer, c’est les Autres[50], aparte de mostrar el ateísmo sartreano, muestra el concepto de la intersubjetividad: el infierno se halla en la tierra, en la imposibilidad de desatarnos de la mirada y del juicio de los otros. Los otros son la condición de mi existencia: “Pour obtenir une vérité quelconque sur moi, il faut que je passe par l’autre. L’autre est indispensable à mon existence (…) Ainsi découvrons-nous … un monde que nous appellerons l’intersubjectivité, et c’est dans ce monde que l’homme décide ce qu’il est et ce que sont les autres”[51]. No podemos, pues, escaparnos del juicio de los demás: “We can’t get away from this terrible gaze of other people on us, all the time”[52].

El hombre se encuentra “en situation“. Sartre define la situation como “ma position au milieu du monde[53]. La situation sartreana vendría a ser la circunstancia de Ortega. Para Ortega, la circunstancia “marca un repertorio de posibilidades e imposibilidades, de condiciones, de peligros, de facilidades y de medios”[54]; mientras que para Sartre, la situation marca siempre posibilidades, nunca imposibilidades. El hombre es completamente responsable de lo que hace y de lo que es, se encuentre en la circunstancia que se encuentre. Lo contrario de la mauvaise fois es la authenticité: “Hay mala conciencia cuando yo analizo mis elecciones como si no fuesen decididas por mí, como si fuesen consecuencias necesarias de una serie de circunstancias como si yo no fuese libre (…) un hombre siempre puede actuar libremente, no importa en qué situación se encuentre. El esclavo puede elegir no obedecer, aunque eso signifique ser ejecutado. Si obedece es porque prefiere vivir, aunque sea como esclavo, que morir. Y ahí hay una elección”[55]. A Sartre, la situation “-Ortega había dicho con mayor exactitud: “circunstancia”- no le [parece] una negación de lo absoluto sino la única manera de comprenderlo y de realizarlo”[56]. La circunstancia orteguiana aprisiona de alguna manera al ser humano, lo condiciona. Para Sartre, la situation no es nunca un aprisionamiento del ser humano. La libertad sartreana es total. Para Sartre, al contrario que Ortega, la situation es “l’oeuvre même de la liberté”[57].

La situation puede o no transformarse en détermination; dependerá de cómo actuemos. Según Sartre, con cada elección libre que el ser humano hace modifica de alguna manera el mundo. Esta concepción de la libertad y su relación con la situation, con el mundo, dan al hombre una responsabilidad total. La situation, el mundo, me da diferentes posibilidades. Escogiendo, por ejemplo, la solidaridad, yo afirmo el valor universal de la solidaridad. L’engagement es, pues, una obligación moral: “Choisir d’être ceci ou cela, c’est affirmer en même temps la valeur de ce que nous choisissons (…) notre responsabilité est beaucoup plus grande que nous pourrions le penser, car elle engage l’humanité entière”[58]. El hombre está condenado a inventar al hombre: “l’homme, sans aucun appui et sans aucun secours, est condamné à chaque instant à inventer l’homme”[59]. Para Sartre, una misma situation tiene efectos diferentes sobre diferentes personas: una roca no significa lo mismo para un geólogo que para un alpinista; un concierto no significa lo mismo para el compositor de la obra que para la señora ricachona que pretende oír. Sin embargo, hay situaciones que son comunes a todos los seres humanos: el nacer, el estar en el mundo y el morir forman parte de lo que Sartre llama la condition humaine: “s’il est impossible de trouver en chaque homme une essence universelle qui serait la nature humaine, il existe pourtant une universalité humaine de condition[60]. Sartre no es el único que habla de la condición humana. Malraux ya había hablado de la condición humana en 1933 en su novela La Condition humaine[61], y Arendt lo hará en 1958 en The Human Condition[62]. La idea de “condición” se encuentra ya en Engels, quien, en una carta a Marx, escribe que los hombres hacen la historia, pero en un medio, un ambiente que los condiciona.

Existe, pues, una condición humana -no una naturaleza humana- (se es hombre o mujer, proletario o burgués, español o francés) pero que no tiene por qué condicionar nuestra existencia, puesto que somos siempre libres: una mujer no tiene por qué reducir su vida a tener hijos y a limpiar la casa, un proletario no tiene por qué ser comunista (puede también militar en un partido fascista), y un burgués no tiene por qué ser reaccionario (Marx y Engels eran burgueses). Como muy bien apunta Ferry, la sociedad ya nos tiene preparados muchos roles: el rol de la madre perfecta, del padre responsable, de la mujer objeto, del hombre macho, del hijo rebelde… ¿Cómo evitar todos esos roles sociales y familiares prefabricados? Si devenimos un modelo prefabricado, nos convertimos en un objeto y perdemos nuestra libertad. En Les mots, Sartre escribe que, de pequeño, a menudo se sintió como un actor, en su rol de niño prodigio, sin poder desenvolver su verdadero yo[63]. Este yo verdadero, ¿no recuerda a la vocación orteguiana?

El hombre es dueño de su vida y totalmente libre. La libertad total conlleva una responsabilidad total. “L’engagement” es la actitud del hombre que toma conciencia de su responsabilidad total sobre su situación histórica y social, y decide actuar para modificarla o denunciarla (o salvarla, como diría Ortega). La actitud de Ortega frente a la circunstancia y la actitud de Sartre frente a la situation es muy parecida: ambos sienten la responsabilidad de cambiar el mundo, de salvarlo (Ortega), o de denunciarlo y mejorarlo (Sartre). Para Ortega, salvar la circunstancia es crucial para salvarse a sí mismo. En el existencialismo sartreano “man stands alone in the universe, responsible for his condition, likely to remain in a lowly state, but free to reach above the stars[64].

Les chemins de la liberté es una cuatrilogía inacabada[65] que trata el tema más importante del existencialismo sartreano: la libertad: “Les chemins [de la liberté] is a study of the various ways in which people assert or deny their freedom”[66]. Sartre muestra a los personajes sufriendo las consecuencias de sus propias elecciones, llevadas a cabo en libertad.

Según Onfray, Sartre construyó un palacio magnífico, pero inhabitable hoy en día. La filosofía y el mundo sartreanos están, según Onfray, pasados de moda[67]. El existencialismo sartreano es un monumento a la libertad. Yo me pregunto: ¿cómo puede la libertad pasar de moda? Vivir “existencialmente”, dibujando nuestra propia vida con nuestras acciones, ser totalmente responsable de lo que somos, sin excusas, crearnos a nosotros mismos y definir una moral con lo que somos y lo que hacemos, es, diría yo, con palabras de Ortega, nuestra gran tarea intelectual (yo añadiría: y vital); es el tema de nuestro tiempo.

 

VII. Conclusión

Filosofar es vivir. Y vivir, como muy bien apunta Ortega, es “lo que nadie puede hacer por mí -la vida es intransferible-, no es un concepto abstracto, es mi ser individualísimo”[68]. Así pues, la filosofía parte de algo concretísimo, no de abstracciones. A menudo la gente piensa que el filósofo es un personaje raro, con barba y pelo blanco, que tan sólo se dedica a pensar sobre cosas abstractas, totalmente alejado de la realidad y de la vida. Las figuras de Ortega y Sartre muestran todo lo contrario. Sus filosofías están impregnadas de vida y de existencia. ¿Hay algo más concreto que la vida y la existencia de cada cual? Ortega escribe: “La filosofía se sumerge en [la vida]”[69]. Para Sartre, la filosofía lo es todo: “Pour moi, la philosophie, c’est tout. C’est comme on vit. On vit en philosophie”[70].

Ortega y Sartre tienen conceptos de la vida un tanto diferentes. Para Ortega, la vida es mi yo y mi circunstancia; la vida es el resultado de ambos y es la realidad radical. Para Sartre, en cambio, la vida es el conjunto de los propios actos (el mundo, la circunstancia, no define la vida propia); el hombre se define por sus actos, y no es otra cosa que sus actos, que su vida: “On meurt toujours trop tôt … ou trop tard. Et cependant la vie est là, terminée … Tu n’est rien d’autre que ta vie”[71]. Para Sartre, fuera de los actos realizados, no hay nada: lo que se quiso ser pero no se fue, la intención, el deseo no cuentan en absoluto. Para Ortega, en cambio, lo importante no son tanto los actos como la intención, la fuerza, la esperanza. Esta es una diferencia radical entre ambos pensadores: “lo decisivo no es la suma de lo que hemos sido, sino de lo que anhelamos ser: el apetito, el afán, la ilusión, el deseo”[72].       Exactamente porque el existencialismo sartreano sólo toma en cuenta la acción, el resultado de nuestros actos, es una filosofía donde la moral juega un rol crucial. Erróneamente se le ha reprochado al existencialismo (y al ateísmo) ser amoral. Para Sartre cada hombre tiene una responsabilidad enorme (consigo mismo y con los demás hombres), puesto que con cada elección que hacemos, escogemos y reivindicamos ciertos valores: “je suis responsable pour moi-même et pour tous, et je crée une certaine image de l’homme que je choisis; en me choisissant, je choisis l’homme[73]. Sartre, como todos, cita no muy correctamente a Dostoyesvki[74]. La famosa “cita” de Dostoyevski “Si Dios no existe, todo está permitido” no está originalmente escrita en modo afirmativo, sino interrogativo. La cita original es mucho más larga y no afirma nada, sino que pregunta y duda. Se halla en Los hermanos Karamazov[75]. Mitia Karamazov le cuenta a Aliosha que Mitia le ha preguntado a Rakitin: “¿qué será del hombre, después, sin Dios y sin vida futura? ¿Así, ahora todo está permitido, es posible hacer lo que uno quiera?[76]. Para Sartre, no es que todo esté permitido (la moral no nos permite todo), sino que todo es posible. La absoluta libertad del hombre sume al hombre en la angustia: “l’homme est délaissé, parce qu’il ne trouve ni en lui, ni hors de lui une possibilité de s’accrocher. Il ne trouve d’abord pas d’excuses[77]. Contestando a Mitia Karamazov, yo digo: Dios no existe y hay muchas cosas que no están permitidas, por amor al hombre, a su dignidad y a su libertad. Dios no es en absoluto necesario para que exista una moral. La moral debe atañer al hombre y sólo al hombre (no a ningún dios) y debe basarse en los derechos humanos, en la libertad, el respeto y la dignidad. Savater escribe: “A quienes no creemos nos es muy fácil explicar en qué creemos. Lo que me resulta misterioso es saber en qué creen los que creen y, sinceramente, por más que los he escuchado nunca he entendido a qué se refieren … los no creyentes creemos en … el valor de la vida, de la libertad y de la dignidad”[78]. La ética, pues, “nada tiene que ver con los castigos, ni con los premios repartidos por una autoridad … humana o divina”[79]. La ética tiene que ver con uno mismo, con el hombre, con la libertad y la dignidad. A la ética y a la moral el hombre les basta. El que necesita obedecer los dictados de un dios o un libro para ser bueno posiblemente posee una bondad bastante mediocre… El bien se hace por el hombre real, no por seres imaginarios. Somos totalmente libres y totalmente responsables de nuestros actos, sin dioses y sin premios ni castigos futuros. Sartre considera que es muy molesto que Dios no exista, puesto que entonces el hombre debe construir una moral, inventársela. También dice que, aunque Dios existiera, tampoco cambiaría nada, puesto que el hombre se encontraría de todas maneras obligado a elegir cada día de su vida, se encontraría obligado a salvarse a sí mismo.

En cuanto a la mauvaise foi, uno de los conceptos clave del existencialismo sartreano, Ortega no habla de una mala fe, pero sí que habla de la “preocupación de despreocuparse” que tiene la mayoría. Este despreocuparse significa no decidir, excusarse, perder la libertad y la individualidad, seguir a la masa y fundirse con la masa. Despreocuparse de la propia vida es dejarla “flotar a la deriva”[80]. Los hombres y las mujeres mediocres dejan que “las costumbres, los prejuicios, los usos, los tópicos se instalen en su interior, los hagan vivir a ellos y tomen sobre sí la tarea de hacerlos vivir”[81]. Esta despreocupación es, en verdad, un terror por la libertad y la responsabilidad, una excusa para no ejercer la libertad: “Bajo la aparente indiferencia de la despreocupación late siempre un secreto pavor de tener que resolver por sí mismo … los actos, las acciones, las emociones -un humilde afán de ser como los demás, de renunciar a la responsabilidad ante el propio destino, disolviéndolo entre la multitud; es el ideal eterno del débil: hacer lo que hace todo el mundo”[82]. La masa, según Ortega, es despreocupada: no se angustia (porque no siente el peso y la responsabilidad de la libertad individual) y es feliz. El hombre-masa no se exige nada y se contenta con lo que es, pero, en el fondo, no se valora a sí mismo.

En mi opinión, la teoría de la libertad está mucho mejor desarrollada en la obra de Sartre que en la de Ortega. La filosofía de Ortega es una filosofía de la vida. Para Ortega, la vida es la realidad radical. La libertad es importante, porque forma parte de la vida, pero es tan sólo una parte de la vida: “La libertad sigue pareciéndonos una cosa excelente; pero no es más que un esquema, una fórmula, un instrumento para la vida”[83]. Por otro lado, es verdad que sin vida no hay libertad, por lo que esa pasión desaforada por la vida que siente Ortega está más que justificada.

Según Ortega, la vida es libertad (el hombre posee la capacidad de elegir) pero también fatalidad (circunstancia): el hombre es libre de elegir sus acciones, pero no puede elegir su circunstancia (aunque puede moldearla, cambiarla, salvarla). La filosofía de Sartre es una filosofía de la libertad. Para Sartre, la libertad es el principio fundamental de la existencia humana. El ser humano es libertad y la vida es libertad. Somos completamente libres y completamente responsables.

Para Ortega, el ser del hombre es la vida. Esto es una tragedia, un drama, un problema: “la vida no es sino el ser del hombre … eso quiere decir lo más extraordinario, extravagante, dramático, paradójico de la condición humana … que el hombre [es] la única realidad, la cual no consiste simplemente en ser sino que tiene que elegir su propio ser”[84]. Para Sartre, el ser del hombre es la libertad. Esto es angustioso: el hombre es libertad y esa libertad produce una angustia inmensa. El hombre, pues, es también angustia. A primera vista, pareciera que ambos filósofos sostuvieran tesis pesimistas, pero en realidad sus tesis son muy optimistas, puesto que muestran que el destino del hombre depende sólo de él mismo, y de nadie más. El hombre elige y construye su propia vida, a través de las elecciones que va haciendo y de las acciones que lleva a cabo. Nadie puede ni acarrear ni solucionar ni sufrir ni disfrutar nuestra vida por nosotros.

Sartre habla de la responsabilidad continuamente. Ortega lo hace más tímidamente. La circunstancia nos presenta diferentes posiblidades, “variedad ante la cual no tenemos más remedio que elegir y … ejercitar nuestra libertad”[85]. Según Ortega, la circunstancia nos aprisiona, pero nos deja también libertad de elección. Esta libertad conlleva para Ortega también una responsabilidad: “La circunstancia … el aquí y ahora dentro de los cuales estamos inexorablemente inscritos y prisioneros, no nos impone en cada instante una única acción o hacer, sino varios posibles y nos deja cruelmente entregados a nuestra iniciativa e inspiración … a nuestra responsabilidad”[86].

Muchos de los puntos cruciales de la filosofía existencialista sartreana pueden encontrarse ya en la obra de Ortega, unos 20 años antes. Garagorri describe la obra de Ortega como “precoz … la más radical, [fértil] y orgánica”[87]. Precoz y fértil, sí, en mi opinión; ¿radical? es discutible. Tanto Ortega como Sartre nos han dejado una obra exquisita, brillante y fascinante, un verdadero monumento a la vida, la existencia, el ser humano y la libertad. Disfrutemos y devoremos sus obras, para poder plasmarlas en cada una de nuestras vidas y poder así vivir más plenamente, con conciencia, autenticidad, responsabilidad, dignidad y libertad.

yael-antonia-1-B-N Antonia Tejeda Barros, Madrid, 15 de febrero de 2014

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NOTAS

[1] Ortega, ¿Qué es filosofía?, p. 227

[2] Ibid.

[3] Ortega, Historia como sistema, p. 39

[4] Savater, La aventura de pensar, p. 249

[5] Ortega, La rebelión de las masas, pp. 113, 114

[6] Ibid., p. 114

[7] Ortega, ¿Qué es filosofía?, p. 209

[8] Ibid.

[9] Ortega, El tema de nuestro tiempo, p. 138

[10] Ibid.

[11] Ibid., p. 210

[12] Ibid.

[13] Ortega, ¿Qué es filosofía?, p. 229

[14] Muñoz, “Ortega y Goethe. Crónica beve de una “afinidad electiva””, en Pidiendo a un Goethe desde dentro, p. 27

[15] Ortega, Historia como sistema, p. 38

[16] Ibid., pp. 38, 39

[17] Lasaga, Figuras de la vida buena, p. 188

[18] Muñoz, “Ortega y Goethe. Crónica beve de una “afinidad electiva””, en Pidiendo a un Goethe desde dentro, p. 31

[19] Lasaga, op. cit., nota a pie de página, pp. 190, 191

[20] Lasaga, op. cit., p. 190

[21] Ortega, Pidiendo un Goethe desde dentro, p. 51

[22] Ibid., p. 233

[23] Ibid.

[24] Ortega, El tema de nuestro tiempo, p. 101

[25] Ortega, Historia como sistema, p. 37

[26] Lasaga, “El mono fantástico” en Revista de Occidente Nº 384, p. 7

[27] Ortega, ¿Qué es filosofía?, p. 233

[28] Aristóteles, Ética a Nicómaco, p. 68

[29] Ibid.

[30] Ibid., p. 209

[31] Ortega, Historia como sistema, p. 38

[32] Ibid., p. 39

[33] Ortega, ¿Qué es filosofía?, p. 227

[34] Ibid., p. 228

[35] Ortega, Historia como sistema, p. 50

[36] Ibid., p. 46

[37] Ibid., p. 48

[38] Ortega, Historia como sistema, p. 14

[39] Ibid., p. 19

[40] Ortega, ¿Qué es filosofía?, p. 210

[41] Ortega, El hombre y la gente, p. 52

[42] Ibid.

[43] Sartre, L’être et le néant, p. 613

[44] Sartre, L’existentialisme est un humanisme, p. 39

[45] Sartre, Huis clos, p. 90

[46] Sartre, L’existentialisme est un humanisme, p. 53

[47] Ibid., pp. 55, 56

[48] Ferry, Sartre et l’existentialisme, p. 37

[49] Kremer Marietti, Jean-Paul Sartre et le désir d’être. Une lecture de l’Être et le néant, p. 29

[50] Sartre, Huis clos, p. 93

[51] Sartre, L’existentialisme est un humanisme, p. 59

[52] Mary Warnock, Documental The Road to Freedom

[53] Sartre, L’être et le néant, p. 607

[54] Ortega, ¿Qué es filosofía?, p. 232

[55] Savater, La aventura de pensar, pp. 284, 285

[56] Paz, Hombres en su siglo, p. 117

[57] Cabestan & Tomes, Le vocabulaire de Sartre, p. 57

[58] Sartre, L’existentialisme est un humanisme, p. 32

[59] Ibid., p. 40

[60] Ibid., p. 59

[61] Sartre escribe en Les carnets de la drôle de guerre: “Commencé à relire La Condition humaine. Agacé par une ressemblance fraternelle entre les procédés littéraires de Malraux et les miens (…) Je n’ai jamais été influencé par lui mais nous avons subi des influences communes” (Carnet XIV, 27 Mars 1940), p. 429

[62] Según Arendt, aparte de las obvias condiciones de nacimiento y mortalidad, existen 3 condiciones humanas básicas: 1) la condición humana de la vida, que correspondería a la actividad del cuerpo humano (Arendt llama a la actividad biológica “labor“: “Labor is the activity which corresponds to the biological process of the human body (…) The human condition of labor is life itself” (p. 7); 2) la condición humana de lo mundanal, que correspondería a la actividad del trabajo: “Work is the activity which corresponds to the unnaturalness of human existence (…) The human condition of work is worldliness” (p. 7); 3) la condición humana de la pluralidad, que correspondería a la acción: “Action … corresponds to the human condition of plurality, to the fact that men, not Man, live on earth and inhabit the world (…) Plurality is the condition of human action because we are all the same, that is, human, in such a way that nobody is ever the same as anyone else who ever lived, lives or will live” (pp. 7, 8)

[63] Murdoch, Sartre. Romantic Rationalist, p. 11

[64] Kaufmann, Existentialism from Dostoevsky to Sartre, p. 47

[65] Las dos primeras novelas que forman Les chemins de la liberté (L’age de raison y Le sursis) fueron publicadas en 1945; la tercera (La mort dans l’âme), en 1949; y de la cuarta (La dernière chance) sólo apareció un fragmento en 1949 en Les Temps Modernes

[66] Murdoch, Sartre. Romantic Rationalist, p. 52

[67] Onfray, Un bric-à-brac de génie”, p. 21

[68] Ortega, ¿Qué es filosofía?, p. 194

[69] Ibid.

[70] Rybalka, Pucciani, Gruenheck, “Entretien avec Jean-Paul Sartre”, p. 39

[71] Sartre, Huis clos, p. 90

[72] Ortega, ¿Qué es filosofía?, p. 232

[73] Sartre, L’existentialisme est un humanisme, p. 33

[74] Escribe: “Dostoïevsky avait écrit: “Si Dieu n’existait pas, tous serait permis” (L’existentialisme est un humanisme, p. 39). Para Sartre éste es el punto de partida del existencialismo: “C’est là le point de départ de l’existentialisme” (Ibid)

[75] 4ª parte, libro 11, capítulo 4

[76] Dostoyevski, Los hermanos Karamazov, p. 861

[77] Sartre, L’existentialisme est un humanisme, p. 39

[78] Savater, Los 10 mandamientos en el siglo XXI, pp. 18, 19

[79] Ibid., p. 27

[80] Ortega, ¿Qué es filosofía?, p. 235

[81] Ibid.

[82] Ibid., p. 236

[83] Ortega, El tema de nuestro tiempo, p. 142

[84] Ortega, El hombre y la gente, p. 51

[85] Ibid., p. 50

[86] Ibid., p. 50

[87] Garagorri, Ortega. Una reforma de la filosofía, p. 45

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