HCH 12 / Septiembre 2016
Michael Douglas en el planeta de los simios, por Jordi Claramonte Arrufat
The canker galls the infants of the springToo oft before their buttons be disclosed
Con la experiencia de la Reforma y las guerras de religión se irá confirmando esta teoría del miedo manierista, la teoría del miedo que precede y acompaña a la Ilustración y que se expresará en el postulado de un hombre que, siendo pieza fundamental del equilibrio orgánico del mundo, siendo nexus et naturae vinculum ha cometido la audacia y la impudicia de romper los diques que delimitaban su poder y daban medida de sus alcances. ¿Qué es lo que sucede cuando el hombre que ha sido “concebido para el servicio de Dios, del mismo modo que las demás criaturas han sido concebidas para estar a su servicio” desborda sus límites? ¿No se seguiría de ello que “el resto de las criaturas, que estaban sujetas y vinculadas al hombre, se insubordinarían igualmente, desbordando lo que venía siendo sulugar natural”?[2]
Se da por tanto en este hombre del manierismo, en esta monstruosidad endógena una especie de descomposición y rebelión de lo orgánico, de los componentes de lo orgánico que al desbordarse muestran que no están dispuestos a seguir aceptando su rol subordinado y predeterminado. Hay entonces una rebelión de los fragmentos que conllevará la destrucción tanto de ellos mismos como la entidad de orden superior que los albergaba. Ese es el miedo característico de muchos de los personajes shakespereanos, desde Bruto en Julio César[3], cuyo fuero interno vive una insurrección, a Hamlet y su tío, el usurpador Claudio, quienes desde sus diferentes posiciones constatan la monstruosidad inherente a que el hermano menor rompa el orden visceralmente orgánico y mate a su propio hermano para arrebatarle su reina y su corona:
O, my offence is rank it smells to heaven
It hath the primal eldest curse upon’t,
A brother’s murder
En este caso, como en toda teoría de la amenaza que se precie, podemos verla operativa tanto en el nivel moral, casi teológico, como en forma de acecho político: así sucede con la revuelta de Laertes, quien, del mismo modo que si el océano desbordara sus límites, anegando las llanuras, desborda la guardia de palacio y alcanza el salón del trono:
The ocean, overpeering of his list,
Eats not the flats with more impetuous haste
Than young Laertes, in a riotous head,
O’erbears your officers. The rabble call him lord
Jordi Claramonte Arrufat, Molino Donace, Barajas de Melo, Cuenca, 18 de diciembre de 2011
Publicado en el Blog de Jordi Claramonte el 18 de diciembre de 2011
NOTAS
[1] Roses have thorns, and silver fountains mud,
Clouds and eclipses stain both moon and sun,
And loathsome canker lives in sweetest bud.
[2] “The rest of creatures, which were bound and knit together in man, should likewise be inordinate and overflow their own banks.” Godfrey Goodman, The Fall of man, 1616, pág. 17
[3] The genius and the mortal instruments
Are then in council; and the state of man,
Like to a little kingdom, suffers then
The nature of an insurrection. Julio César, Acto Segundo, Escena Primera.
[4] Así Robert Graves en su “Goodbye to all that”, Ernst Jünger y sus “Tempestades de Acero”, o los relatos de Ernst von Salomón, por sólo mencionar algunas fuentes.
[5] Klaus Theweleit, Male Fantasies, vol II pág. 225
[6] Godfrey Goodman, The Fall of Man, 1616, pág. 17 “the rest of creatures, which were bound and knit together in man, should likewise be inordinate and overflow their own banks.”
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