Jerusalén, ירושלים, القُدس‎

HCH-2-BAUDELAIRE-PARIS-EYAL-STREETT HCH 4 / May 2015

Jerusalén, ירושלים, القُدس‎, por Antonia Tejeda Barros

Pitas, metralletas, sol, hummus (חומוס), muros, torás, mezquitas, tirabuzones, hiyabs, matzá (מצה), especias, pistolas, cruces, tomates, sinagogas, banderas, uniformes militares, Yahvé, Cristo, Alá … todo revuelto y a la vez bien separadito en esta fascinante y dura ciudad de unos 700.000 habitantes.

Jerusalén brilla por su caos, su suciedad, su bonita piedra blanca, su mezcla de acentos, sus colores, su buena comida, su historia y su intolerancia. En Jerusalén se mezcla lo antiguo y lo nuevo. A ratos recuerda a alguna ciudad de la India, con su desorden y su pobreza, pero con una agresividad y arrogancia “a la europea” teñidas de fanatismo religioso y sionismo.

Dentro y fuera de Israel, judíos y palestinos viven separados por cientos de kilómetros de muro; un muro alto y feo, parecido al de Berlín, pero con menos graffiti. El muro de Berlín medía unos 155 km. de largo y 3,6 metros de alto. Se dice que el muro de Israel medirá 650 km. (aún está en construcción) y su altura máxima es por ahora de 8 metros. Dentro de Jerusalén hay también trocitos de muro que rodean puntos árabes, “por seguridad”. Cuando estaba en Jerusalén solía observar, desde la ventana, un pedazo de muro que acorralaba, dejando sólo un punto de entrada y salida, una pequeña aldea árabe. El muro hace recordar el gueto de Varsovia, aunque, como bien dice E. Randol Schoenberg, el Holocausto y el conflicto israelí-palestino no son ni pueden ser comparables.

El problema de la paz en Israel es un tema secundario para los judíos que viven en Israel. Ellos protestan cuando suben los precios de los alimentos y del alquiler, pero apenas salen a la calle para defender la paz y la dignidad. Israel es un país en guerra y a nadie parece importarle. Los judíos saben que existe un 99 % de probabilidades de que sus hijos vayan a hacer el servicio militar obligatorio, con metralletas, uniformes militares, bombas y enfrentamientos (3 años para los chicos y 2 años para las chicas), y apoyan con su falta de crítica el lavado de cerebro de los jóvenes judíos, los cuales, a los 18 años, van orgullosos a servir a su patria, su pueblo y su país.

¿Cuándo podrán los judíos y musulmanes vivir en paz? Mientras haya fanatismo por los dos lados, la paz es imposible. Católicos y protestantes se mataron en Europa durante 500 años, y la diferencia entre el catolicismo y el protestantismo puede resumirse en unas pocas frases: los católicos creen en la Biblia (Antiguo Testamento y Nuevo Testamento), en los santos y en la tradición; los protestantes creen sólo en la Biblia; en el catolicismo el hombre cae por la corrupción y por la tendencia al pecado y es libre para hacer el bien y el mal; en el protestantismo el hombre es puro pecado y sólo es libre para hacer el mal; en el catolicismo la salvación se recibe en el bautismo y puede perderse por el pecado mortal (y ganada de nuevo por penitencia: muy cómodo para el verdugo e injusto para las víctimas); en el protestantismo la salvación es incondicional y depende sólo de Dios; el catolicismo cree en el purgatorio; el protestantismo, no. Se podría decir que la diferencia entre catolicismo y protestantismo es la misma que entre una manzana roja (no muy apetecible, por cierto) y una manzana verde (tampoco demasiado apetecible). Al fin y al cabo, católicos y protestantes comparten un mismo libro, un mismo dios y un mismo mesías.

En Israel hay judíos (75 %), árabes (20.7 %) y otras minorías (4.3 %). Los árabes israelíes son musulmanes o cristianos y son tratados como ciudadanos de 2ª categoría. Los árabes israelíes hablan hebreo, pero los judíos (exceptuando poquísimas excepciones) no hablan árabe. Los árabes israelíes son discriminados y “chequeados” continuamente. No pueden hacer el servicio militar, con la excusa oficial de que, en caso de guerra, no tengan que enfrentarse con sus “hermanos” los palestinos, jordanos, sirios, libaneses o egipcios. Sin embargo, los drusos (que viven en las montañas en Galilea y hablan árabe) y los beduinos (que viven en el desierto –Néguev y Judea– y hablan árabe) sí que deben hacer el servicio militar.

En Jerusalén la mayoría de los taxistas es árabe. Recuerdo que un taxista nos contó que había sido apaleado 5 veces por ser árabe. En Jerusalén el racismo se respira continuamente. Incluso los judíos que aparentan ser “de izquierda” (en Israel la izquierda y la derecha se definen por la “cuestión árabe y palestina”, no por temas económicos) apenas se mezclan con árabes, no hablan siquiera el árabe y la mayoría ha cumplido los 2 ó 3 años de servicio militar. Abrazan más bien el snobismo que el humanismo.

En Jerusalén no existe el transporte público en Shabat  (שבת) (desde el viernes cuando se pone el sol hasta el sábado por la noche, cuando salen 3 estrellas). Parece ser que el siglo XXI no ha llegado aún a este rincón del mundo. En Pésaj (פסח) está prohibido por el Tanaj (תנך) comer cualquier alimento que contenga cereales fermentados. Así que los supermercados cubren durante una semana con papel blanco todos los productos “prohibidos”: pan, galletas, pasteles, pasta, cerveza … no vaya a ser que alguien se despiste, se coma una galletita en Pésaj y Yahvé decida otorgarle la muerte en el próximo Yom Kippur.

Judíos y musulmanes no comparten ni el mismo dios ni el mismo libro. Pero sus religiones se parecen mucho y sus costumbres, también. Judíos y musulmanes son ambos circuncidados (los judíos, a los 8 días, los musulmanes, a los 5 años), no comen cerdo y siguen al pie de la letra sus escrituras. Es fácil ser un “buen judío” o un “buen musulmán” (sólo hay que cumplir con las reglas dictadas en las escrituras) y ser, sin embargo, poco humano (abrazar el racismo, el separatismo o el fanatismo). Judíos y árabes, ambos semitas, son, según el Tanaj y el Qu’ran, hermanos. El término semita es un término moderno sacado del Génesis (בראשית), primer libro de la Torá  (תורה): Shem (שם) fue hijo de Noé [Noaj] (נח) y los pueblos que descendieron de Shem son los semitas. Shem tuvo 5 hijos: Eilam (עילם) -padre de los elamitas-, Ashur (אשור) -padre de los asirios-, Aram (ארם ) -padre de los arameos-, Lud (לוד) y Arpajshad (ארפכשד). Arpajshad fue el padre de Shelaj (שלח). Shelaj fue el padre de Ever (עבר). Ever fue el padre de Péleg (פלג) y Ioktán (יקטן). Péleg fue el padre de Reu (רעו). Reu fue el padre de Srug (שרוג). Srug fue el padre de Najor (נחור). Najor fue el padre de Téraj (תרח). Téraj tuvo 3 hijos: Avram (אברם), Najor (נחור) y Harán (הרן). Avram cambió su nombre por Abraham, se casó con Sarai (שרי), -que cambió su nombre por Sara (שרה)- y juntos tuvieron a Itzjak (יצחק). Los judíos son los descendientes de Itzjak. Itzjak tuvo dos hijos: Esav (עשו) y Iacob (יעקב). Iacob tuvo 12 hijos, que son las 12 tribus de Israel. Sara, la mujer de Abraham, antes de tener a Itzjak, era estéril, y entregó a su sirvienta egipcia Hagar (הגר) a su marido para que tuvieran hijos. De Abraham y Hagar nació Ishmael (ישמעאל). Los árabes son los descendientes de Ishmael. En el Qu’ran, Abraham (Ibrahim) no es judío sino musulmán. Hagar en el Qu’ran es una princesa egipcia y sirvienta de Sara. Sara y Hagar son ambas mujeres de Abraham (Ibrahim). Ishmael (Ismail) es hijo de Abraham (Ibrahim) y de Hagar. Itzjak, padre de los judíos, e Ishmael (Ismail), padre de los árabes, son, pues, hermanos.

Las tres principales religiones monoteístas, que tanto tienden a excluir, enfrentar y aniquilar, tienen muchos puntos en común. En el Qu’ran, Moisés y Jesús son profetas: “Creemos en Alá y en la revelación que nos ha sido dada a nosotros y a Abraham, Ismail, Itzjak, Jacob y las Tribus, y la revelación dada a Moisés y Jesús, y la dada a todos los profestas de su Señor: nosotros no diferenciamos entre uno u otro profeta” (Qur’an, 2:136). ¿Para qué, entonces, tanto odio, tanta desconfianza y tantas matanzas? ¿Tan importante es qué dios se lleva el premio de la exclusividad? Tanto el judaísmo, como el cristianismo como el islam deben aprender aún mucho sobre humanismo, espiritualidad, amor, respeto y tolerancia.

Pero no todo es fanatismo, metralletas y agresividad en Jerusalén. Hace tres años, durante el Séder de Pésaj pude hablar de filosofía y religión con el rabino Shlomo, una persona inteligente, repetuosa y tolerante. ¿Cómo es posible seguir cantándole a un dios que permite tanta atrocidad y barbarie?, le pregunté. Conversamos e intercambiamos opiniones extremadamente diferentes.

La historia se repite y avanza en espiral: los cristianos fueron masacrados desde la muerte de Jesús hasta el año 380 (año en que el emperador Teodosio hizo del cristianismo, desgraciadamente para la Humanidad futura –Nietzsche estaría de acuerdo conmigo–, la religión oficial del Imperio Romano) y luego fueron los cristianos quienes se dedicaron a torturar, matar y masacrar a los infieles. Recuérdese que la Inquisición nació en 1184 en Languedoc y existió oficialmente hasta 1965 (en Roma). Los musulmanes han defendido en muchas ocasiones el islam con sangre, guerras y atrocidades y ahora son víctimas de la exclusión y de una creciente islamofobia, mezclada de racismo, estupidez e ignorancia. 6 millones de judíos fueron exterminados en el Holocausto (Shoah: שואה) y ahora los judíos que viven en Israel parecen haberse transformado en los estranguladores de sus vecinos árabes y palestinos. La historia avanza y se hunde, las atrocidades se repiten, la barbarie continúa; sólo cambian los escenarios y los protagonistas, los verdugos y las víctimas. Las tres principales religiones monoteístas siguen mutilando el pensamiento, siguen separando y siguen excluyendo, y el ser humano no aprende. ¿Por qué tendrá el hombre tanto miedo de pensar por sí mismo, de escoger y de vivir en libertad?

yael-antonia-1-B-N Antonia Tejeda Barros, Madrid, mayo de 2015

Primera versión publicada el 23 de abril de 2012 en el Blog de Antonia Tejeda

6

Calles de Jerusalén / Antonia Tejeda Barros, 2012

2

Bandera ensangrentada / Antonia Tejeda Barros, 2012

11

The Old City / Antonia Tejeda Barros, 2012

14

Chagall en Jerusalén, Hadassah Medical Center / Antonia Tejeda Barros, 2012

37

Spinoza en Jerusalén / Antonia Tejeda Barros, 2012

PARA LEER EN PDF (pp. 25–32): HCH-4-MAYO-2015

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